Guión: Dan Slott y Ty Templeton.
Dibujo: Stefano Caselli, Humberto Ramos y Matt Clark.
Páginas: 128 / 80.
Precio: 6,25 / 4,25 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Noviembre / Diciembre 2012.
Dan Slott da con la clave de lo que resulta inadecuado en el muy buen espectáculo que supone Hasta el fin del mundo. «No estoy acostumbrado al rollo fin del mundo. Dame un atraco a un banco o alguno de mis malosos habituales. A eso sí puedo enfrentarme», llega a confesar Spiderman en un momento de la historia. Y es justo eso lo que chirría. Porque la historia convence, ¿pero con Spiderman en el centro de todo? Eso es lo que puede chirriar, mucho más si tenemos en cuenta que el Trepamuros estrena armadura para la ocasión. Pero como Peter Parker ahora está en todas las salsas de Marvel, es lógico que, siendo además Vengador, desempeñe de vez en cuando este papel. O, dicho de otro modo, que sus villanos habituales tengan la capacidad de ser una amenaza para lo más granado del panteón superheorico de la editorial. Aquí, el malo principal es el Doctor Octopus. Los seguidores habituales de la serie de Spiderman sabrán que Slott ha ido tejiendo esta saga desde muchos números atrás y el resultado no defrauda. Hecha esa salvedad inicial, por supuesto, y aunque en realidad durante buena parte de la saga Spiderman trabaje con dos aliadas de su terreno, la Viuda Negra y Marta Plateada.
Si Hasta el fin del mundo fuera una película, se podrían cerrar los ojos y reconocer sin problema a Spiderman en sus diálogos, en su dinámica con el resto de los personajes, en sus dudas con los amigos y las chanzas con los enemigos. Pero es algo más difícil reconocerle en el marco de la historia o con la armadura que lleva. No deja de ser curioso que Marvel siga experimentando con el aspecto de su personaje más emblemático hacia terrenos cada vez más extraños. Y en este caso cuenta con el reflejo del Doctor Octopus, que también ofrece un aspecto muy alejado de sus versiones más clásicas. Al margen de estos detalles, lo cierto es que Slott se maneja con bastante habilidad en el escenario que plantea, no sólo para hacer reconocible en él a Spiderman sino incluso para que las motivaciones emocionales de la trama encajen a la perfección en el personaje, al que introduce en la trama como científico antes de considerarle superhéroe. Aún con poco espacio para algunos de los Seis Siniestros, todo un guiño al lector clásico para compensar, incluso los villanos aparecen espléndidamente caracterizados, provocando con ellos algunos de los mejores momentos de la historia (el cambio de opinión de Mysterio, el despiadado razonamiento de Rino para apoyar a Octopus).
Visualmente, la saga está a la altura de lo que se podía esperar. El dibujante que más páginas aporta es Stefano Caselli, y su estilo combina un agradecido realismo, algo que se nota especialmente en las escenas que le sirven para ambientar la historia más allá de lo que implica manejarse con superhéroes y cuando los protagonistas son civiles, con un muy buen sentido del espectáculo, que le lleva a coreografiar buenas escenas de acción. Humberto Ramos se suma a la fiesta con su estilo tan particular, rozando lo caricaturesco y haciendo de Spiderman una marioneta que desafía las leyes de la física. En realidad, los dos, a su manera, entienden perfectamente al personaje y por eso la historia es plenamente disfrutable desde su trabajo. Hasta el fin del mundo es un notable entretenimiento en todos los sentidos porque está realizada con mucho oficio. Y se agradece que deje algunos elementos importantes para el futuro, sobre todo en su parte final, sin necesidad de socavar los cimientos de Spiderman y su cada vez más grande universo dentro de Marvel. Es decir, sumar y no destruir. Algo que no siempre se ha conseguido en las historias más trascendentes y publicitadas del Trepamuros.
Panini publico la saga en los número 73 y 74 de El asombroso Spiderman, que recogían los números The Amazing Spider-Man 682 a 687, Amazing Spider-Man Ends of the Earth One-Shot y el número 8 de Avenging Spider-Man, todos ellos publicados originalmente por Marvel Comics entre mayo y agosto de 2012. Además de sendos artículos firmados por Julián M. Clemente, estos números contienen las portadas originales y alternativas, realizadas por Stefano Caselli, Gabrielle Dell’Otto, Mike Perkins y Shane Davis.