Como si hubiera salido de las viejas revistas de fantasía y ciencia ficción que triunfaban en los años 70 y 80, El protocolo (aquí, su reseña), llega para demostrarnos que el cómic de género nunca muere. Ni tampoco el cómic en blanco y negro. Ni tampoco el de historias que saben mezclar la más pura diversión con temas más profundos. Ernesto Priego mezcla todo esto en una obra sumamente entretenida y que a la vez deja muchos elementos en los que pensar. Y el autor, en esta entrevista, nos habla un poco de sus objetivos con esta historia.
Imagino que quien te conozca de tu faceta de (espléndido) caricaturista va de sorpresa en sorpresa porque tu última obra siempre está muy distante de la anterior en tono y aspecto. ¿Tanto salto de género y casi de estilo es algo buscado o es casual?
Pues es el devenir de las cosas. Me llamaron para ilustrar una novela de memoria histórica y a la vez estaba dibujando Bill el Largo y El Protocolo en mis ratos libres, aunque eso de libres es un decir.
No sé si es acertado decir que en El protocolo hay una nostalgia por aquellas historias de ciencia ficción que poblaban las revistas de los años 70 y 80, tanto en Europa como en España… ¿Las tuviste presentes? ¿Fuiste su lector en su día?
Es acertadísimo, el objetivo era ese, un pequeño homenaje a esas lecturas que en mi opinión formaron y forjaron a muchos lectores y los introdujeron en el cómic para adultos. Por supuesto fui un ávido lector.
Aunque luego continúe con fluidez, las primeras treinta páginas casi parecen un relato corto sacado de una antología. ¿Siempre tuviste clara toda la historia o es algo que fue creciendo a partir de esa larga primera secuencia?
Buena pregunta, encierra el quid de la cuestión. Sinceramente, El Protocolo comenzó como un divertimento personal que pretendía hacer 10 o 15 páginas, que acabaron siendo unas 3o y pico. Ya puestos no nos íbamos a quedar en medio del camino y a medida que iba dibujando páginas se gestaron las restantes, aunque la sinopsis siempre estaba en mi cabeza.
En El protocolo hay sexo, hay machismo, hay feminismo, hay roles de género tradicionales y cambiantes… En unos tiempos en los que todo parece ofender a alguien, ¿cómo encaraste la figura de la mujer a la que das protagonismo, aunque en realidad sea un androide, y las alusiones sexuales que hay en la historia?
Es evidente que cómics como Rank Xerox y otros sería difícil verlos publicados ahora, pero sí que es cierto que el papel de la mujer en algunas ocasiones fue el de simple acompañante del héroe de turno. No voy a decir que Sally arregle esa deficiencia pero es de cajón que si intercambiamos los roles y la mujer es la que lleva la batuta la historia funciona igualmente.
Cuando uno usa primates en una historia de ciencia ficción, ¿hay manera de escribirlos y dibujarlos sin pensar en 2001: Una odisea del espacio o El planeta de los simios?
Te puedo asegurar que El planeta de los simios es una de mis películas preferidas, pero no pensé en ningún momento en ello. Es más, creo que los primates de El planeta de los simios están más humanizados que los de El protocolo.
Una de las cosas que más me ha divertido de El protocolo es que me parece deliciosamente ambigua con respecto a la humanidad, a veces parece condenada a extinguirse por su estupidez, a ratos veo esperanza. Con lo que cuentas en el cómic, ¿cómo lo ves tú…?
Me haces esa pregunta en otro momento de la actualidad y puede que la respuesta fuera diferente, pero ahora mismo es difícil ver un atisbo de esperanza. Cada vez que veo al personaje de Atticus acabo viendo a Trump.
En las páginas de El protocolo se cuela una de esas frases que sale en conversaciones muy distintas, aquella de “el tamaño no importa”. Yo te voy a pedir que la apliques al cómic, desde el punto de vista que quieras y que lo desarrolles hasta donde quieras… ¿El tamaño importa en el cómic actual?
Siempre ha importado, si no que se lo pregunten a Corben. De todas maneras, solo fue un elemento más para sacar a la luz obsesiones masculinas. Si hablamos de ediciones, ¡pues la mía es más bien pequeña!, casi de tamaño manga, pero no tiene porque desmerecer el interior ni la historia.
¿El blanco y negro es una elección más narrativa o editorial? Si hubieras tenido que colorearla, ¿cómo te la habrías imaginado?
El blanco y el negro fue decisión personal, igual que el tramado mecánico, creo que son elementos que debían estar para dar más sensación ochentera. Aunque no veo porqué no se puede utilizar hoy en día, creo que funciona y que hay una deriva excesiva con el tema del color. Parece que sin color no se vende. Si tuviera que colorearla, los tonos hubieran sido fríos, supongo.
¿Y en qué estás trabajando ahora? ¿Qué es lo próximo que te vamos a ver?
Ahora mismo trabajo con Pepe Gálvez para Desfiladero ediciones, en dos historias totalmente diferentes. Una tiene que ver con la ciencia ficción y tintes policiacos y la otra se acerca más a la memoria histórica, es una biografía de un activista de las CC OO de Catalunya. Aunque lo próximo que veréis es Bill el Largo y el lamento de la Banshee, con guion de Edgar Max.