Guion: Alejandro Jodorowsky.
Dibujo: José Ladrönn.
Páginas: 264.
Precio: 34,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2026.
Hay una historia tan fascinante detrás de Los hijos del Topo que casi podríamos decir que brilla más que el propio cómic, que ya tiene sus méritos y los vamos a desgranar. Pero antes de eso tenemos que viajar hasta 1970 cuando Alejandro Jodoroswky dirige, escribe, protagoniza y hasta pone música a un atípico western titulado El topo que durante décadas solo pudo verse en pases casi clandestinos, hasta que en 2007 se editó en formato digital. Durante años, como el propio Jodorowsky explica en las líneas que abren este libro, su creador trató de hacer una continuación. Y donde el cine no pudo triunfar, apareció el cómic. Jodorosky se había asomado a las viñetas un año antes que al celuloide, en ambos casos en los años 60, pero su anhelo era rodar esa secuela. Hasta que la ideó en la página impresa con dibujos del tremendamente estimulante José Ladrönn, que incorporó su estilo al inclasificable universo del escritor y cineasta para que Los hijos del Topo no solo fuera una realidad, sino que además asumiera una ambición que casi parece chocar frontalmente, en una de esas deliciosas contradicciones, con la obra original de la que parte. Aquella era un trabajo de arte y ensayo, pura vanguardia, un delirio de ideas rocambolescas. Y en lo narrativo, esta se mantiene en la misma línea, aunque las inmensas posibilidades del cómic y el espléndido trabajo de Ladrönn elevan las apuestas.
No hay que descubrir nada a estas alturas sobre Jodorowsky. Su estilo, sus ideas, sus planteamientos, incluso la descarnada violencia que puebla Los hijos del Topo, casi sádica, es algo que hay que abrazar para disfrutar sus historias, siempre cargadas de simbolismo de pensamiento, ético y religioso. Pero es que, además, esto es un western, lo que hace que tenga que responder a los principios del género, igual que, por ejemplo, lo hace El Incal (aquí, su reseña) con la ciencia ficción. Lo que pasa es que el western tiene una pureza muy conocida, la del Hollywood de los años 50 y 60, incluso una desviación tan jugosa como el spaghetti western que ya podría erigirse en el reflejo tergiversado por antonomasia. Pero Jodoeowsky siempre se ha caracterizado por buscar las vueltas de todo, y este western no es en absoluto una excepción, con sus personajes extremos, con sus situaciones salvajes, con la configuración de un microcosmos ideológico y espiritual que fascina, y que desde el culto a la carne incorruptible a la mutilación extrema como forma de venganza o castigo. Puede entrarse en Los hijos del Topo sin El Topo, pero la lectura crece con el culto al creador, con lo que es capaz de configurar a partir de la idea previa, con lo que aporta a la propia figura de Jodorowsky como genio narrativo detrás de todo este mundo.
Es evidente que Jodoroesky exige, que sus metáforas son complejas, a veces rozando lo ininteligible, y por eso es tan importante que un dibujante como Ladrön sea capaz de entenderle y transmitir sus ideas. Y lo hace de maravilla, con un estilo tan salvaje como la propia historia que cuenta, tan puro en su western como rompedor cuando se trata de introducir elementos ajenos al género, tan doloroso en su violencia y tan tierno en las relaciones emociones que se establecen entre algunos personajes. Es el trabajo de Ladrönn una constante paradoja que responde a todos los niveles a lo que imagina Jodorowsky. Y eso, cuando hablamos de una mente tan compleja como la del escritor y cineasta, tiene mucho mérito, más aún en una obra que supera las doscientas páginas con los tres álbumes que conforman este ciclo. Los hijos del Topo es, por encima de cualquier otra cosa, una experiencia abrumadora, una que sabe cuándo apelar a las entrañas y cuándo hacerlo al cerebro, y que pasa de un extremo a otro con una facilidad que asombra. Es compleja, sin duda, es bizarra y sobrepasa muchos límites de la extravagancia sin echar la mirada atrás, sin miedo y con arrojo, que de las dos cosas se nutre un trabajo tan ambicioso como este. Y con permiso de un extraordinario Ladrönn, es puro Jodoroswky. Con todas las consecuencias.
El volumen incluye los tres álbumes de Le filles d’El Topo, Caïn, Abel y Abelcaïn. publicados originalmente por Glénat en junio de 2016. mayo de 2019 y octubre de 2022.
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