Guion: Pat Mills.
Dibujo: Angie Kincaid, Massimo Belardinelli, Mike McMahon.
Páginas: 264.
Precio: 32,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2025.
Los años 80 del pasado siglo fueron, indudablemente, los de la era dorada de la espada y brujería. Buena parte de culpa la tiene la película de Conan el bárbaro (aquí, su crítica) que fue posible gracias al éxito de Conan en el cómic de la mano de Marvel y por mucho que no fuera una adaptación directa de las viñetas. Y es curioso que ese viaje de ida y vuelta entre la página impresa y la gran pantalla hiciera que, en sentido opuesto, el cómic también buscara personajes que emparentar con Conan. La de Sláine, en todo caso, no es una historia tan sencilla. Sería poco acertado vincular las historias que vemos en Sláine. El amanecer del guerrero única y exclusivamente al éxito de Conan. Sláine tiene, cómo no tenerlos, elementos de la literatura de Robert E. Howard, pero no es un remedo del cimmerio. Pat Mills no se conforma con eso, ni siquiera en estos relatos con los que da comienzo a la andadura de su personaje. Y como presentación, lo que vemos en el libro no está nada mal. No es la cumbre de un personaje nacido en un entorno extraño para su género, el de 2000 AD, más propio de la ciencia ficción, y quizá eso mismo haga que su rareza juegue a su favor, pero es difícil no disfrutar de la construcción de una mitología tan rica como esta, una que quiere tener raíces locales, pero que acaba encontrando elementos bastante universales.
Mills busca en Sláine, y se nota desde el principio, la construcción de una mitología compleja. No es una historia pensada para quedarse en el primer episodio, en la primera aventura o en el primer combate definitivo. Quizá por eso abraza el caos que tanto marca la propia vida de su protagonista, por eso funciona esa estructura episódica, casi como si fuera un viejo serial y por eso no choca tanto que sea una fantasía barbárica que se publicaba en una revista de ciencia ficción. Al final, 2000 AD era el nicho perfecto para héroes imperfectos, y Sláine tiene todos los rasgos necesarios para encajar en ese crisol. La de Mills es una serie cargada de violencia, el suyo es un mundo en el que las cosas se resuelven por las bravas y donde la impulsividad complementa el sentido del deber. Sláine, que nadie lo dude, es un héroe, pero es un tipo de héroe que se sale del arquetipo, que no tiene la necesidad de hacer siempre lo correcto por razones morales y que muchas veces ni siquiera se guía por esa razón. Hay mucho de supervivencia en sus acciones, en un mundo de pocas reglas y muchísima fantasía. Con cierto caos, lo hemos dicho, juntando sin solución de continuidad las más locas historias, sin necesidad de que haya clímax de enorme trascendencia en todas ellas, pero siempre con un sentido del entretenimiento muy alto.
Esa sensación de caos, caos divertido, eso sí, viene también de su dibujo. Habría sido fácil buscar la referencia del Conan de John Buscema, pero Sláine va por otros derroteros propios. Propios y dispares, porque siendo tentadora la consideración de autoría plena para Angie Kincaid por ser la primera en dibujar a Sláine, lo cierto es que lo que después hacen Massimo Belandelli y sobre todo Mike McMahon cambia la perspectiva de una forma clara. Esa forma de mostrar la historia casi a lápiz y sin tinta acaba siendo lo más identificable de este libro y se apodera de la idea de Sláine con relativa facilidad. El espectáculo se rinde un tanto a un estilo en el que vale más la puesta en escena, y eso también nos aleja un poco, de forma consciente, del relato de espada y brujería más clásico. Sláine quiere ser más folclórico y mitológico que fantástico, por mucho que el cuerpo nos pida clasificar el cómic de esa manera. Y quizá por eso el inicio de Sláine sea tan distinto a lo que muchos esperarían de un tebeo así, de nuevo muy probablemente por la sensación de que es una suerte de Conan británico. No lo es, no funciona de esa manera, y sin embargo consigue complacer a lectores que busquen en esos rincones, así como a quienes quieran indagar en el cómic británico de género que siempre ha abanderado 2000 AD.
El volumen incluye material publicado en los números 330 a 367 de 2000 AD, publicados originalmente entre agosto de 1983 y mayo de 1984. El contenido extra lo forman una introducción de Sergio Aguirre y las portadas originales de Angie Kincaid, Massimo Belardinelli, Mike McMahon y CamKennedy.
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