CÓMIC PARA TODOS

‘Pura locura’, de Tereza Kopecká y Tomás Kopecký

Editorial: Dibbuks.

Guion: Tereza Kopecká.

Dibujo: Tomás Kopecký.

Páginas: 132.

Precio: 19 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2026.

Que el cuidado de la salud mental ha dado pasos de gigante en los últimos años es una obviedad. Y sin embargo, sigue dando la sensación de que hay que seguir enviando mensajes positivos, que refuercen las posiciones de quienes todavía puedan sentirse solos en esa batalla. Tanto es así que la ficción sigue tomando conciencia, dando forma a historias sencillamente para visibilizar estas cuestiones, tan trascendentes en nuestro tiempo, aunque para muchos sigan siendo un tabú. Pura locura es un cómic que se justifica por esta razón. Tereza Kopecká u Tomás Kopecký trazan un evidente retrato de una joven que sufre de ansiedad, que tiene miedo por cada pequeña decisión que el día a día le obliga a tomar y que, en un arranque de valentía maravilloso, decide marcharse de viaje en una furgoneta con un compañero del instituto. Hay mucho que ver y mucho que leer entre líneas en este trayecto, tan geográfico como vital y psicológico, y aunque puede que Pura locura no tenga muchas más razones de ser, el hecho de que acabemos la lectura con una sensación de comprensión tan gigantesca quiere decir que hay un buen trabajo, como poco en la contextualización de la situación y en el retrato de los protagonistas, que nos ayudan a entender una condición mental que, en el fondo, da igual que sea ajena a nuestro día a día.

Kopecká escoge a Anna no solo como protagonista, sino también como narradora de este viaje. Son sus pensamientos, casi más que sus acciones o que sus palabras, los que nos conducen por este reto continuo que es el inesperado viaje que emprende. Viaje que, por cierto, la escritora nos sirve con los detalles suficientes como para que nos lo podamos creer sin reservas, por descabellado que nos pueda parecer una vez que cerramos el libro que una adolescente medicada se monte en una furgoneta sin que sus padres sepan lo que va a suceder a continuación y sin nada planificado. Esa, en realidad, es la gracia que tiene Pura locura, porque contrapone la locura real, la médica, la diagnosticada (aunque en el fondo no sea locura, sino ansiedad), con la locura adolescente, la de la carencia absoluta de más planes que no sean los de disfrutar del momento, la de viajar sin equipaje, la de no tener miedo a romper algunas normas. En Pura locura, Kopecká hace que importe el momento, vinculado al estado mental de Anna, claro, pero incluso siendo una correcta historia iniciática con la que sí podría identificarse cualquiera. A pesar del (espléndido) giro final, uno que cambia por completo las moralejas de la historia, es una narración que juega en espacios de comodidad, dentro del espacio que escoge para narrar.

Los rasgos de locura que incorpora Kopecký pasan más por el color que por cualquier otro elemento narrativo. Es cierto que no rehúye otros, pero lo que verdaderamente marca una diferencia con respecto a otras obras que se asomen a la salud mental de una manera tan clara está ahí, en el significado cromático que tiene cada escena. Eso y el grafismo de las onomatopeyas, además de una leve caricatura dentro de un diseño de personajes de aparente sencillez, es lo que importa en la narración de Pura locura. Kopecký no quiere añadir más complejidad a la historia que maneja, apoya bien su dibujo en los pensamientos de Anna y se deja llevar con mucha elegancia, sabiendo que lo que importa, al final, es que el lector sepa comprender a una muchacha que lidia con una condición nada sencilla de sobrellevar. Hay ciertas casualidades en Puta locura, desde el olvido de las pastillas hasta la superación más o menos sencilla de todos y cada uno de los miedos a los que se va enfrentado la protagonista, y eso puede reducir cierta ambición a la historia, pero eso no hace que dejemos de sentir emociones por Anna, que nos sintamos muy dentro del proceso vital que experimenta de la mano de alguien que, en muchos sentidos, es un desconocido y de la vida que este le presenta, nada que ver con la burbuja en la que estaba instalada.

Paseka publicó originalmente  en noviembre de 2021.

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Esta entrada fue publicada en 11 marzo, 2026 por en Dibbuks, Tereza Kopecká, Tomás Kopecký y etiquetada con , .

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