CÓMIC PARA TODOS

Retrospectiva: Ana Oncina

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Retrospectiva es un viaje al pasado, pero también en algunos casos una mirada al presente y hacia el futuro. Es nuestra forma de reconocer maestros a través de los tebeos de los que ya hemos hablado en Cómic para todos.

Puede parecer una locura que hagamos una retrospectiva de alguien que tiene poco más de diez años de carrera, pero quizá tendríamos que valorar más lo que tenemos cuando lo podemos disfrutar en lugar de honrar lo que ya nunca podremos volver a ver. Con Ana Oncina pasa algo muy curioso, y es que se trata de una autora que parecía encasillada en los personajes que le dieron la fama, aunque con notable categoría en cada uno de los episodios que les dedicó, y de repente se decidió a mostrarse como una narradora capacitada para tareas mucho más elevadas.

Si regresamos a lo primero, hablamos, por supuesto, de Croqueta y Empanadilla. O lo que es lo mismo, de una suerte de colección de divertidas anécdotas autobiográficas en las que ella misma y su pareja aparecían convertidos en estos deliciosos alimentos parlantes en un mundo rodeados de personas, digamos, normales. El divertido concepto dio para mucho, para tres libros y un especial de Navidad y, aún más, para crear una marca que elevó el nombre de Ana Oncina a la popularidad más allá del tebeo que había creado.

Buscando nuevos horizontes, colaboró en la revista Voltio y en otras obras corales, se prodigó en esos libros en los que el autor se convierte en protagonista para hablar del paso del tiempo y el salto de década, e incluso dibujó algún álbum infantil. Con esos movimientos, Oncina mostró inquietud, la búsqueda de rincones en los que desarrollarse como artista lejos de Croqueta y Empanadilla.

Y eso lo logró, de una manera apabullante, cuando sacó dos tebeos que no solo elevaban el número de páginas de sus libros casi al doble de lo habitual en aquel momento, sino que suponía una apuesta emocional y narrativa gigantesca. Just Friends y Planeta nos mostraron a una Oncina distinta, pero coherente; madura, pero consecuente con lo que había contado hasta ahora; atrevida, pero con un estilo reconocible. Estas dos obras abren la puerta a una Ana Oncina tan cambiante como quiera serlo en el futuro.

Con ese logro ya en su mochila, ¿por qué no volver a aquello que hizo de ella la autora que es? Efectivamente, Croqueta y Empanadilla volvieron, aunque de una forma distinta, en una aventura larga, igualmente autobiográfica, pero esta vez con un recorrido más… ambicioso, sí, otra vez podemos usar esta palabra. Y como la usamos con tanta frecuencia ya en su carrera, ¿cómo no esperar más y mejor de Ana Oncina en el futuro?

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Esta entrada fue publicada en 9 febrero, 2026 por en Ana Oncina, Retrospectiva y etiquetada con , .

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