Guion: Chris Roberson.
Dibujo: Christopher Mitten.
Páginas: 112.
Precio: 20 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Noviembre 2025.
Impresiona bastante que todavía hoy podamos seguir considerando en expansión el universo de Hellboy. La creación de Mike Mignola, que ha pasado ya por su muerte, vive en un vasto mundo, plagado de personajes sobrenaturales que tienen sus propias historias, y esa sigue siendo la línea a seguir ahora mismo. Panya. La maldición de la momia hace exactamente eso, coger a un personaje que está habitualmente lejos de los focos y encuentra su propio origen, sin que en realidad esta tenga que parecer una historia de origen. La novedad, que no lo es tanto, es que la presencia del nombre de Mignola en los créditos es levemente gratuita. No está el autor detrás de la historia de Panya ni del dibujo, tareas que ya ha delegado con más frecuencia en otros artistas. Es Chris Roberson quien escribe el guion y Christopher Mitten quien lo lleva a las páginas de este cómic. Una vez se asume que Mignola solo tiene la autoría del personaje, lo cierto es que se entra bien en el relato, que nos lleva al antiguo Egipto, recordándonos la inmensa dimensión temporal que siempre ha tenido el mundo de Hellboy, y acercándose de nuevo a las lindes del terror que, por fuerza, tienen que sentarle bien a un universo sobrenatural como es este, aunque a veces se deje llevar por un espíritu más aventurero y superheroico.
En Panya, Roberson apuesta más por lo mítico, por fuerzas por encima de su protagonista que son las auténticas conductoras de lo que va sucediendo, del misterio que encierra el viaje de su protagonista. Eso, de alguna manera, minimiza el efecto que tiene Panya, aunque el final y el epílogo lo revitalizan para conectar con lo que Hellboy siempre ha tratado de mostrar. Eso es suficiente para que el cómic se sostenga con bastante acierto, incluso asumiendo que su trascendencia es cerrada y que no vamos a ver consecuencias más allá de lo que estamos leyendo o una historia que trascienda del marco que tiene. Eso puede jugar en su contra, cierto, pero el mismo hecho de saber la extensión de lo que estamos leyendo, apenas cuatro números americanos, el formato habitual ya para estos cómics del universo de Hellboy, nos hace ser conscientes de que el viaje es finito. Y ahí es donde Roberrson consigue extraer todo el jugo que necesita de la historia, con buenas elipsis y, sobre todo, con un buen uso de los elementos proféticos, casi alucinógenos, que ayudan a configurar la presencia de Panya en esta historia de aprendizaje, que es lo que realmente supone La maldición de la momia para su protagonista. No hay un clímax antológico, que se limita a una breve secuencia al comienzo del último número, sino una exposición mucho más calmada.
Eso podría llevarnos a pensar en que Mitten no tiene demasiadas opciones de lucimiento, pero no es así. Panya le permite dibujar mundos de fantasía llenos de imaginación, en los que hay una iconografía muy visual y una ambientación de terror, más bien podríamos decir de pesadilla, muy conseguida. Puede haber una cierta reiteración en el retrato, el límite más claro que podemos ver en el trabajo de Mitten, pero todo el escenario (el real y el onírico) está dibujado con un mimo fascinante, muy bien coloreado además por Michelle Madsen para que se mueva con equilibrio entre la realidad y lo imaginado. Panya. La maldición de la momia tiene así un encaje mucho más elegante a través del dibujo, en el que se aprecia el inteligente uso que hay de la contraposición entre la luz y la sombra de la que parte el elemento más mitológico del cómic. Y si caemos en la tentación de pensar que el tebeo sabe a poco, siempre nos queda volver a su portada y leer la etiqueta que lo encabeza: “Del universo de Hellboy”. Y es que esto es una pieza de un puzle inmenso, uno que siempre da gusto entrar a construir y en el que siempre entretiene, incluso dejando a Mignola en un plano más propio del marketing que de la narrativa. Eso, al final, es un signo de madurez de una franquicia, ser capaz de crecer bajo el amparo, pero no el trabajo de su mano creadora.
El volumen incluye los cuatro números de Panya: The Mummy’s curse, publicados originalmente por Dark Horse entre julio y noviembre de 2023. El contenido extra lo forman las cubiertas de Christopher Mitten y un portafolio de bocetos del ilustrador.
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