Guion: Joan Mundet.
Dibujo: Joan Mundet.
Páginas: 80.
Precio: 18 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Diciembre 2025.
Cuidado con el perro. Ese es el significado del título de Cave canem, libro con el que Joan Mundet ha recuperado una serie de cómics cortos que hizo en los años 80 y que, de alguna manera, nos devuelven a una época aparentemente olvidada. Esto se puede interpretar de muchas formas, claro. El propio Mundet, en el libro, habla de nostalgia, y es inevitable que el lector la sienta porque es fácil pensar en las viejas revistas que durante un tiempo fueron protagonistas en el panorama del cómic español. Pero a la vez nos abren las puertas a facetas que, quizás, sean menos desconocidas en la obra de Mundet. Habrá lectores que estén más habituados a verle en proyectos de aventura histórica como Capablanca (aquí, su reseña) o El Capitán Alatriste (aquí, su reseña), incluso en obras más documentales como 11-M. La novela gráfica (aquí, su reseña). Puestos a encontrar un referente, aunque sea muy distinto, quizá habría que pensar en Looking for Nobody (aquí, su reseña), pero lo mejor es dejarse llevar por unos relatos que juegan con la fantasía, lo onírico, lo histórico también en algunos momentos, lo sugerente y lo poético. Cómics, pero también prosa ilustrada, e incluso un trabajo fotográfico realizado años después por la hija del autor, Anna Mundet, basado en la iconografía de Cave Canem, que aporta una dimensión distinta a un libro notable.
Es fácil comprobar que la antología de Mundet funciona, puesto que nos descubrimos con ganas de más cuando llegamos al final de las siete historias que realiza en cómic, también después de las nueve de prosa que suma, y finalmente cuando contemplamos los retratos fotográficos de su hija. La propia concepción de Cave canem nos recuerda que es un trabajo con límites temporales, son relatos en su momento olvidados, que no pudieron encontrar su sitio, pero que siguen vivos, con un corazón que late, con unas emociones que contagia. Con un estilo más o menos cercano, narrados todos ellos con cartuchos de texto, Mundet va creando una suerte de universo en el que sus historias no llegan a tocarse, pero sí generan sensaciones conectadas. Cada uno de ellos es un todo, pero a la vez algo más. Lo que imagina Mundet tiene garra. La tiene en lo bélico, pero también en la melancolía o en el erotismo, mostrando al autor muy cómodo en este formato corto, consciente de que hay poco espacio para transmitir mucho. Esa es la clave de los relatos de Cave canem, la cercanía que nos proponen, lo fácil que es meterse en la piel de sus protagonistas, sin necesidad de tener un contexto más amplio, ni siquiera con una identificación más o menos plena. Y con mucha imaginación para llevar a estos personajes a puntos trascendentes casi sin desarrollo.
A Mundet le va mucho el blanco y negro. Puede que eso mismo haga que el color de las fotografías sea un contrapunto tan intenso o que el efecto de la prosa junto a uno de los dibujos de Mundet funcione tan bien, pero al final la mirada se nos va a las páginas de cómic por motivos obvios. Mundet domina bien la figura humana, y eso es algo que sus tebeos de corte histórico dejan muy claro, pero la forma en que los trata aquí es bien distinta, más intensa, generando sensaciones muy diversas, incluso cuando se asoma a las sombras como forma de hacernos entender el movimiento. Su puesta en escena es muy interesante desde la atmósfera que crea en la primera parte del Cave canem que da título al libro y sabe incorporar elementos propios de distintos géneros para asomarse a historias que, sobre todo, generan un impacto notable en su breve extensión. Puestos a buscar una obra que defina a Mundet, Cave canem no es probablemente la más accesible, pero sí es una expresión atractiva de lo que es capaz de hacer el autor cuando se mueve con absoluta libertad, sin tener que plantearse una continuidad que queda apenas sugerida, cuando sus personajes solo tienen que generar emociones muy concretas y contenidas. Y sí, con la nostalgia de que se trate de historias realizadas hace ya tres décadas, con todo lo que eso conlleva para obra y autor.