Guion: Tom Sutton, Joe Jill, Nicola Cuti.
Dibujo: Tom Sutton.
Páginas: 64.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2025.
Hubo un tiempo en el que no se prestaba demasiada atención a quién dibujaba los tebeos, pues estos no dejaban de ser más que un entretenimiento barato para niños. Los historiadores y divulgadores del medio, siguiendo las reivindicaciones de los propios autores, se han encargado de que la Historia no se lleve por delante nombres valiosos que todo buen aficionado a las viñetas tendría que conocer, pero en esa labor todavía quedan muchos pasos por dar. Libros como Historias de ultratumba de Tom Sutton van en esa dirección porque suponen una evidente reivindicación. Lo es con esos relatos, claro, los de terror y fantasía oscura que marcaron una etapa importante del cómic norteamericano y que fueron objeto de odios y censuras tan potentes que casi acaban con ellas, pero también con el propio Sutton. ¿Qué le distingue de otros muchos autores de la época? Para eso recomendamos la lectura de los textos que acompañan a esta deliciosamente aterradora selección de historias, todas ellas dibujadas por Sutton y algunas de ellas también escritas por él, pero salta a la vista que su estilo no era convencional. Eso, en un medio que producía en masa, era un valor evidente, al menos tiene que serlo desde un momento temporal en el que podemos valorar otros aspectos más allá de las fechas de entrega. Y en estas páginas hay mucho talento.
El hecho de que el volumen forme parte de la maravillosa labor arqueológica que supone la Biblioteca de cómics de terror de los años 50 nos indica el tipo de relatos que vamos a leer con la misma intensidad que la escalofriante portada de Sutton que nos brinda esta edición. Vamos a asistir a un desfile terrorífico de peluches, monstruos marinos, fantasmas y hasta dinosaurios que van a encontrarse en un mundo en el que hay una enorme belleza visual, en las mujeres que dibujaba el autor, pero también en unos marcos, unos escenarios muy imaginativos y detallados. La selección de horrores es tremenda y hasta se podría calificar de bastante atrevida para los cánones de la propia época en la que surgen, parte de una muy imaginativa corriente que asustó a las élites más conservadoras y que desató una ola reaccionaria que estuvo a punto de acabar con estos cómics. Sí, siempre es importante recordar ese aspecto, porque eso también habla de la necesidad de recuperar estos contenidos para que nos hagamos una idea de hasta dónde se está dispuestos a llegar en defensa de las teorías más surrealistas, en aquel momento la de que el cómic de terror estaba detrás de una serie de comportamientos violentos e inadecuados de la juventud norteamericana, cuando lo que hay es una labor creativa maravillosa.
Lo es porque Sutton tiene un estilo bastante camaleónico, incluso difícil de definir con cierta claridad, probablemente porque siempre sabía amoldarse a la historia que tenía entre manos. Por eso sus horrores no son reiterativos, sus mujeres no aparecen como simples copias una de la otra y sus escenarios siempre nos quitan el aliento por tratarse de rincones novedosos en los que la fantasía se dispara. Es brutal el uso que hace del color en muchos momentos de estas historias, pero cuando vemos páginas en blanco y negro, de esas que permiten entender la dimensión del trabajo editorial que hay para tener entre manos un libro de esta naturaleza, nos planteamos si su trazo no es todavía mejor así, puro y directo. Sutton tenía una forma muy especial de ser realista, y una muy desatada de encontrar el terror más puro, incluso antes de que la propia historia que estaba contando, fuera suya o no, nos pusiera realmente en esa tesitura de estremecernos. Sin ser historias de las cabeceras más reconocidas de aquel tiempo, las de Sutton brillan mucho en esta antología, nuevo homenaje a una forma de entender el cómic desaparecida hace ya tiempo, pero cuyo legado perdura con tanta fuerza como para que libros así tengan sentido. Objetivo más que cumplido, porque es imposible no adentrarse en estas páginas y tener ganas de buscar más de Sutton.
El contenido extra lo forman una introducción de Michael Ambrose y las portadas originales de Tom Sutton.
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