Guion: Ángel de la Calle.
Dibujo: Ángel de la Calle.
Páginas: 240.
Precio: 24,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Noviembre 2025.
La sugerente imagen del coche de Carrero Blanco volando por los aires tras la explosión de la bomba con la que ETA asesinó a quien se temía como el peor de los sucesores de Franco a su muerte puede hacer que veamos La caja de Pandora como lo que no es. Ángel de la Calle no ha querido hacer en estas páginas un retrato de lo que fue la Transición que aparece en los libros de Historia o la que se nos ha querido contar durante estas últimas décadas, pero sí un retrato de ese Vivir y morir en los tiempos de la Transición que indica su subtítulo, visto de una manera emocionalmente amplia, pero sobre todo circunscrita a los sueños e ilusiones de una juventud que se movía entre la desesperanza de saberse inútil ante un régimen que murió postrado en una cama y no a manos de una revuelta social y la ilusión de emprender un nuevo tiempo sin un dictador que la amenazase. La lectura es poderosa, dura e intensa, precisamente porque descoloca tanto que las frases resuenan en la cabeza de quienes quieren escucharlas, ya sean las que preceden al inicio de cada capítulo, brillando con luz propia ese “la distancia es un lujo que no te puedes permitir” de Luis Montero o las de los personajes que traza De la Calle. “¿Entonces de que Transición me hablas?”, ese con el que se cierra su segundo capítulo es el desesperanzado reto que nos lanza.
Sobran voces que hoy en día se han dado cuenta de que la Transición fue enormemente imperfecta, que no fue ese consenso entre oponentes que nos dieron a entender, ni mucho menos un nuevo comienzo después de 40 años de dictadura. Esa idea es la que está presente en La caja de Pandora a través de ángulos muy originales, más de lo que pudiera parecer, siendo además este un cómic sobre cómic, en el que el autor se convierte en una especie de lázaro que nos conduce por las ilusiones, las dudas y los sinsabores de una época de enorme incertidumbre en todos los sentidos, y que tiene reflejo, no directamente en nuestra actualidad, pero sí en una de hace no tantos años, esos son los saltos temporales con los que quiere enseñarnos lo que para él significó la Transición. De esa etapa, al final, se habla muy poco, porque se da por sentada. Es como si no se pudiera discutir, y por eso tiene mérito que De la Calle lo haga desde un momento temporal anterior al presente. Sus dudas no vienen del resurgir de la extrema derecha y de la derechización aún mayor de lo que quiso convertirse en centrista desde las cenizas del franquismo, sino de vivencias auténticas, que son las que van trufando un relato que parece ser mentira, pero sobre el que se arrojan incontables verdades que, por fuerza, tendrían que hacer pensar al lector, sobre todo al más joven.
Es interesante lo bien que se ajusta el estilo visual de De la Calle a la propuesta de La caja de Pandora. O a las propuestas, habría que decir, porque el cómic tiene varias propuestas en su interior, aunque mantienen una envidiable continuidad estilística. Que su trazo sea algo desdibujado es algo que transmite con acierto la idea de que todo lo que vemos en este cómic no deja de ser un recuerdo cubierto por la niebla del tiempo. Que haya un uso tan preciso de la prensa de la época evoca ese carácter documental que necesita este viaje, al margen de que no sea el que nos proponen los ensayos y los libros de historia. Y el blanco y negro, esa solución que parece siempre más impuesta para abaratar costes que para propósitos más claramente narrativos, es aquí casi una necesidad emocional por el mismo tono que tiene el relato. De la Calle califica este relato de autoficción, y quién sabe cuánto hay de realidad y cuánto se ha tenido que inventar para completarlo, pero La caja de Pandora acaba siendo algo muy interesante de leer, denso sin duda, pero francamente aprovechable desde muchos puntos de vista, desde el social y desde el personal, desde el político y desde el de un autor de cómics que, como los mismos tiempos que vive, no sabe bien por dónde tirar. La Transición, en todo caso, era esto mismo, nos cuenten lo que nos hayan contado.
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