Guion: Fernando Llor.
Dibujo: Carles Dalmau.
Páginas: 256.
Precio: 18,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Diciembre 2025.
Hay un momento de enorme satisfacción en las páginas de Brainrot y es cuando Fernando Llor y Carles Dalmau introducen una pequeña parodia de Scooby-Doo. Y es satisfactorio porque, en el fondo, es el reconocimiento de que ahí está una de las motivaciones de Brainrot… solo que al revés. Estamos muy acostumbrados a ver personajes más o menos realistas envueltos en situaciones fantásticas y en misterios sobrenaturales. ¿Pero y si son criaturas ya sobrenaturales las que se encargan de esas investigaciones en un mundo que asume su existencia, pero que a la vez les da características más o menos cotidianas? Bienvenidos a Brainrot, una historia protagonizada por una muerta viviente y una zarigüeya que se dedican a desentrañar misterios de todo tipo, aunque no estén pasando precisamente por su mejor momento. Y eso nos lleva a la otra gran faceta del tebeo de Llor y Dalmau, que es la personalidad de Vega, que así se llama la investigadora. Ver a una zombi dudar de su capacidad por las mismas características que hacen que sea una muerta viviente es de lo más interesante, y es uno de los aspectos que hace que Brainrot sea una historia atractiva más allá de los misterios que esconde el hotel en el que tiene lugar esta aventura. Lo paranormal, en el fondo, no es más que una divertidísima excusa para hablar de temas más trascendentes.
Esto, no obstante, no nos tiene que llevar a perder el foco. Brainrot es una comedia muy divertida, una que se basa en elementos de fantasía más o menos oscura, pero que no elude un tono más ligero y directo cuando lo necesita. Llor, que ha tocado ya (casi) todos los palos, se suele mover a gusto en la práctica totalidad de los escenarios, y este no es una excepción. Más allá, en todo caso, de los acertados momentos de comedia, lo importante está en lo bien que construye a los personajes. Los focos se posan rápidamente sobre Vega, y con toda la razón del mundo, porque la base es la de una investigadora notable, pero lo que realmente importa es que su talento no sirve en un mundo lleno de falacias y mentiras. Identificarse con eso, en un mundo en el que hay tanta desafección por las profesiones escogidas en la etapa académica, da un toque especial a la historia. Pero ojo con McCoy, la zarigüeya, que de alguna manera es el personaje que más evoluciona en la obra, el que protagoniza los momentos más inquietantes y, quién sabe, puede que hasta sea la clave para que Brainrot sea el inicio de algo más largo. Podría ser, o podría no serlo. No es que Llor deje algo para el futuro, pero su inteligencia a la hora de dejar puertas abiertas, algo tan propio del género, es la guinda a un notable whodunnit en el que, realmente, no sabemos qué es lo que hay que investigar.
Dalmau abraza con acierto las dos almas de Brainrot. Sus diseños de personajes son juguetones y divertidos, lanzando la clara idea de que estamos ante una comedia de fantasía oscura, pero se adentra con la misma facilidad en el lado más turbio de la historia. Vera es clave, porque su expresividad es fascinante, lo es cuando tiene que transmitir una seguridad absoluta en lo que hace y dice, también en sus momentos de zozobra, cuando duda de sí misma y la historia tiene tintes más psicológicos, y por supuesto también cuando su lado más zombi se apodera de ella, en un desenfreno que se nota que Dalmau ha disfrutado. Para el color, Dalmau cuenta con la colaboración de Eiden Marsal, y el resultado es fantástico, porque potencia la presencia de todos y cada uno de los personajes que desfilan por este misterioso hotel sin robar nada de protagonismo real a Vera y McCoy. Brainrot tiene gracia desde su planteamiento, sabe conducir un misterio notable, aunque al final su resolución parezca menos importante de lo que se nos ha anunciado, y sobre todo construye un microcosmos delicioso, en el que la aparición de cada personaje se celebra dentro de un marco en el que resulta difícil anticipar nada de lo que está a punto de pasar. ¿No es eso lo mejor que se puede decir de un misterio? Pues este, además, es divertido y carismático.