Guion: Fran Mariscal.
Dibujo: Fran Mariscal.
Páginas: 228.
Precio: 29,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2025.
Si hay algo que Fran Mariscal consigue en Moribundo, su opera prima, es impactar. La verdad es que la misma portada del libro ya se encarga de que entremos en su interior con la sensación de que vamos a leer algo intrigante. Al final, se trata solo de un primer plano de personaje que se llama Egon y que, en realidad, se parece sospechosamente al Egon más conocido de la fantasía moderna, el de Cazafantasmas, pero por lo que sea ya nos pone sobre aviso. Y lo que Mariscal consigue a partir de ahí es todavía más interesante, porque ha creado un relato de vampiros moderno, urbano, aterrador en muchos sentidos, pero a la vez fresco en otros muchos, consciente de que está jugando con una mitología manida, aunque sea capaz de demostrar que todavía se pueden introducir elementos que, sin necesidad de ser nuevos, lo parezcan. Lo cierto es que debajo de ese envoltorio de terror y de lo que implica su título, Moribundo es una historia de nuevos comienzos, de ilusiones que se fraguan en las cenizas de la destrucción, y de ahí que, visualmente, sea una obra que busca todavía más impacto que su historia y sus personajes. Hay muchas sorpresas en cada página, en su mezcla de estilos, en su creación de atmósferas, y en la manera en la que conviven personajes que casi parecen salidos de obras distintas.
Moribundo parece en muchos momentos un descenso a los infiernos, real y metafórico, pero siendo evidente el primero, el segundo acaba siendo corregido sobre la marcha de una manera bastante peculiar. Juega Mariscal con sus personajes para expresar emociones y juega también con el género y sus arquetipos para que eso mismo le sirva a la hora de conducir ese viaje del que hablamos. Viaje que, hay que decirlo, es a veces un tanto difuso. Parece formar parte de las intenciones del autor, como si estuviéramos en un marco a medio camino entre lo onírico y lo imaginado (¿lo temido?), pero eso mismo hace que algún lector pueda sentirse inquieto por no tener una dirección clara que entender. Eso mismo forma parte de las sensaciones que busca Moribundo, de ese impacto del que hablábamos al principio, con el que a veces es suficiente con entender un momento concreto sin necesidad de tener un contexto más amplio. En una obra larga como esta eso puede pesar, pero la manera en la que Mariscal va reconduciéndose y cerrando tramas es notable. Lo mismo sucede con la apuesta de género. ¿Es Moribundo un relato de terror convencional? Ni de lejos. Pero terror, lo que es terror, causa, y no solo en los márgenes del género, a veces también con sensaciones muy terrenales, que se vuelcan con claridad en las escenas que abren y cierran el libro.
Esas mismas páginas son las que ofrecen a las claras lo que Mariscal ofrece en este tebeo, sus principales virtudes, el choque entre una belleza clásica, la que podía dibujar Pepe González en sus mujeres, con un mundo de pesadilla, que no llega a ser el de Dave McKean o incluso el de Bill Sienkiewicz, pero del que tampoco se aleja demasiado en su espíritu. La mezcla de influencias tan dispares es abrumadoramente hermosa, y el acabado visual de Moribundo es, sencillamente, una delicia que resulta hasta difícil de asimilar por momento. No en su parte más bella, la que hace que nos imaginemos a Piedad, esa mujer de cualidades casi prístinas, como protagonista de una historia propia, sino en el nexo con su parte más aterradora y en ella misma, en ese infierno vampírico que acaba convirtiéndose en el turbio escenario de buena parte de la obra. Como se puede ver, no le faltan elementos sugerentes a un tebeo que sorprende, que impacta, sí, pero que lo hace con inteligencia, sabiendo buscarle las tuercas a una historia que, de base, tiene mucho de conocido. Pero con su mezcla de trazos, con su uso del color, con la ruptura de la secuencia más tradicional de viñetas y con mucho talento, Moribundo se convierte en una primera de las que hace que nos fijemos mucho en su autor, por lo que nos da en estas páginas y por lo que puede ofrecer en el futuro. Al tiempo.
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