Guion: Charles Burns.
Dibujo: Charles Burns.
Páginas: 48.
Precio: 31,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2025.
Aunque la publicación original de los Laberintos de Charles Burns fuera por álbumes, lo cierto es que el viaje que expone el autor rinde más con una lectura continuada. Al fin y al cabo, Burns bucea en sus propios recuerdos para construir una historia iniciática en la que madura como autor, aunque en este caso el protagonista lo que explore sea el cine con su cámara de ocho milímetros, y como adulto, asomándose al deseo y el amor por primera vez, igual que a la configuración de amistades en unos años en los que corren el riesgo de ser completamente perecederas o ser tan fuertes como para durar toda la vida. Los Laberintos son los de la mente, y se construyen en una historia que sabe ser turbia e inocente al mismo tiempo, en la que Burns conjuga con mucho acierto una realidad palpable con un mundo interior muy complejo. Laberintos no es una obra sencilla, no es una que nos lleve a un lugar confortable, no pretende decirnos que al final todo sale bien o que los sueños que tiene de adolescente se van a acabar cumpliendo. No, Laberintos habla de ser el chaval raro del grupo, habla de ilusiones que quizá nadie entienda, habla de emociones inestables, y lo hace mezclando con habilidad diálogos certeros, creíbles para la edad que tienen los protagonistas, y pensamientos internos que nos acercan a las sensaciones de los dos protagonistas principales de la obra.
Ese quizá sea el elemento más fresco de la aproximación de Burns a su propia experiencia personal, que no se limita a ser él mismo, sino que sabe dar voz a su objeto de deseo más puro. La relación entre Brian y Laurie sostiene el libro con un misterio casi hipnótico. No son dos personajes planos, Burns no cae en el error de hacer que ella se limite a ser el objeto de los pensamientos de él, aunque en buena medida sea un personaje que se pueda prestar a ello, y la evolución de ambos, de su relación (no necesariamente romántica), es fascinante por lo intrincada que es. Parece dar un paso adelante y dos hacia atrás, o buscar los recovecos de un laberinto sin salida, por seguir la metáfora del título de la edición española (el original es Final Cut, Montaje final, una alusión más directa a la película que rueda Brian con sus amigos para que sirva de metáfora a ese momento de su vida). Es intrigante ponerse en la situación de todos los personajes, pero sobre todo de contraponerse a Brian. Él es el raro, el complicado, el imprevisible, y son los demás los que tienen que pensar cómo van a reaccionar ante lo que diga o haga, los que tienen que decidir si quieren estar con él o alejarse definitivamente. Y ese juego, que a su vez es una catarsis para el autor, es interesante para el lector, mucho más en este marco de adolescencia que escoge.
Con esa mezcla entre un mundo onírico e imaginativo y una realidad en la que el atractivo físico, sexual y personal está más que presente, es fácil intuir que el dibujo de Burns juega un papel determinante en la obra. Jugando con la pantalla como elemento narrativo, consigue que nos metamos de lleno en esa visión cinematográfica que tiene Brian, que es un reflejo claro de la composición de página que hace, incluso cuando apuesta por las viñetas verticales, es como si todo el tebeo lo estuviéramos leyendo con una cámara en la mano. Y con los primeros planos logra que la fascinación por Laurie traspase la página. Su puesta en escena, lo bien que juega con la oscuridad y el color o lo que transmiten todos los personajes con miradas que a simple vista casi pueden parecer asépticas son los elementos que culminan un trabajo espléndido a nivel visual, que consigue atraer al lector con una facilidad envidiable. Laberintos es una obra de muchas capas, hay un evidente homenaje al terror de los años 50 y 60, una mirada nostálgica inconfundible, es sumamente personal, pero a la vez es madura, sabe trasladar ese mundo interior, esos mundos en realidad, a una historia en la que cualquier pueda encontrar el momento en el que sentirse reflejado. Y no pierde nada en segundas y terceras lecturas, su atractivo es atemporal.
Pantheon publicó Final Cut en septiembre de 2024.