Guion: Agustina Guerrero.
Dibujo: Agustina Guerrero.
Páginas: 256.
Precio: 23,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2025.
A este otro lado de la página, es fácilmente asumible la dificultad de dejar atrás a un personaje nacido para ser el alter ego evidente de su autora y convertirse ella misma en protagonista de su historia. Eso es lo que hace Agustina Guerrero en Hoy, y eso es lo primero que se puede valorar muy positivamente de su nuevo trabajo. La Volátil, sin quedar de lado en la mente del lector, sí da un paso atrás para que veamos a una Agustina Guerrero que no necesita identificarse. ¿Y cómo es Agustina Guerrero? Eso es algo a lo que solo ella podría contestar, pero Hoy nos encamina para que nosotros mismos demos una respuesta. Agustina Guerrero es una autora capaz de hacer que lo más personal parezca universal. Que sus miedos, sus ambiciones, sus tensiones, sus rutinas sean las todos y cada uno de nosotros. No en cada uno de los detalles, por supuesto, pero sí en las sensaciones. Hoy arranca como un retrato espectacular de la vida moderna, del intenso estrés en el que vivimos inmersos, de las tareas con las que cada uno de nosotros bombardeamos lo que realmente querríamos estar haciendo. Y esa parte, la que precede a un viaje reconstituyente por las calles de Barcelona, es emocionalmente intensa. Mucho. Quizá más incluso que los libros anteriores de la Volátil, porque esta vez es Agustina quien se expone ante nosotros.
Hoy es una invitación a la reflexión. Menuda novedad, dirán algunos, una autora que cuenta su propia experiencia para que nosotros mismos cambiemos de la manera en la que lo hace ella. Pero sí hay novedades. La primera, ya apuntada, es la magia que hay en el viaje que propone, personal, muy personal, desde luego, pero también paisajístico y con sentido. Nada de lo que vemos en esta Barcelona es casual, todo tiene que ver con las emociones de su protagonista y forma parte de un plan muy meditado para que luzca improvisado el recorrido que vemos. Ese, en todo caso, es el marco. Lo que importa es cómo se mira Agustina Guerrero en el espejo. Lo hace sin miedo, a calzón quitado, por utilizar el título de uno de sus anteriores trabajos (aquí, su reseña), consciente de que está manteniendo una conversación pública sobre temas muy personales. Arranca en sus sueños, manifestaciones no de sus ilusiones sino de sus temores, y continúa con la forma en la que vida consume nuestro tiempo, haciendo que nos olvidemos de sus pequeños placeres. Mezcla bien las dudas interiores con los estímulos externos, y no solo hablamos de Barcelona, sino de las meditadas intervenciones de otros personajes de su ámbito familiar y de la esfera de lo desconocido. Esto segundo hace que la aventura entre en un terreno casi de fantasía imaginada por momentos, pero añaden belleza, y eso nunca sobra.
Pensar en la Volátil es fácil porque Guerrero mantiene el estilo de sus trabajos precedentes. Es una conexión casi inconsciente, por mucho que los tonos rosados conviertan este trabajo en uno bastante especial en lo visual. Como ha hecho siempre a lo largo de su obra, su fusión entre lo cercano y lo imaginado es muy bonita. Todo muy sencillo, porque es parte del juego, pero sin perder de vista el componente realista que aporta una Barcelona muy bien dibujada para que nos sintamos parte de ella. Si en algún momento podemos tener la tentación de pensar que conocer el estilo de Guerrero hace que haya menos sorpresas, la secuencia inicial sirve para despertarnos de ese prejuicio. Es imaginativa y nos pone en las puertas de los elementos más sensibles, personalmente sensibles, que contiene Hoy. Y sí, puede parecer una obviedad, pero el escenario de confort que proporciona un estilo conocido ayuda también a que comprendamos a la protagonista, a la autora y a la obra en su conjunto. Es difícil anticipar cómo va a afectar Hoy a cada lector, pero hay radican su gracia y su interés. Guerrero se abre, cuenta algo que por fuerza resulta interesante porque forma parte de la vida real y diaria de cualquier persona, pero lo hace desde una esfera propia, una que no impone, sino que lanza con generosidad a quien la quiera leer, entender e incluso asimilar.
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