CÓMIC PARA TODOS

‘Insurrección’, de Jordi Peidro

Editorial: Desfiladero.

Guion: Jordi Peidro.

Dibujo: Jordi Peidro.

Páginas: 144.

Precio: 19.90 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Septiembre 2025.

Es difícil no leer Insurrección con un nudo en el estómago. La contracubierta del cómic de Jordi Peidro nos anuncia el relato del alzamiento obrero más importante del siglo XIX, y la simple mención a esa lucha y a esa época ya nos invita a pensar que no va a ser, precisamente, un cuento de hadas, a pesar de las inigualablemente nobles razones de la causa que relata. Pero es que entonces no teníamos las garantías actuales. La violencia era distinta. La represión, también. Como las condiciones laborales y de salud. Y así, poco a poco y desde la más pura realidad, alejada de las reivindicaciones de despacho, Insurrección nos va poniendo en situación de una manera muy realista. No es la historia de un médico metido a político, aunque está en el centro de todo. No es la historia de una niña enferma, aunque forma parte de la trama. Lo que sí es Insurrección es un retrato brutal de todo lo que invitaba a un pueblo a levantarse contra las injusticias sociales que vivía. Es un espejo en el que la lucha de clases queda retratada de una manera brutal, y donde se palpa la sinrazón que acaba de manera trágica en el marco de una lucha que es legítima y que entonces comenzaba a desafiar poderes hasta entonces establecidos sin discusión. Y aunque hay evidentes distancias, es inevitable pensar que Peidro piensa en nuestros días, en las luchas que quedan por librar.

No es fácil crear una historia como un crescendo continuo que tiene que acabar explotando, porque esa explosión es un clímax tan agotador que mantener la atención en lo que sigue a ese punto no es una tarea del todo accesible. Peidro, en cambio, controla de una manera excelsa el tiempo de Insurrección. Nada le sobra, nada le falta. Lo histórico está tratado con un rigor maravilloso, lo necesariamente ficcionado funciona con la misma precisión, no solo por los personajes que se introducen para entender el clima de injusticia social y de poder absolutista que reina en el Alcoy de 1873 que retrata la obra, sino por el manejo del tiempo, el que lleva a condensar lo fundamental de la obra en unas horas cruciales y el que nos invita a cerrar la obra con años de diferencia, dándole un carácter reflexivo que contagia. No es solo una revuelta del pasado que se hizo para pedir ciertos derechos sociales o laborales, no. Es un grito de libertad que resuena con una fuerza descomunal y que sirve de base a una historia que tiene sentido y trascendencia. Asombra que tantas veces miremos fuera lo que la Historia de España nos proporciona, aunque el cómic es un medio que está tapando los huecos narrativos que todavía existen en esa mirada a nuestro pasado. Insurrección es, en ese sentido, una obra que abre los ojos de quien se asome a ella, que humaniza hechos lejanos.

El dibujo hace que el cómic sea un medio magnífico para contar estas historias, y más cuando se manejan tan bien los recursos que proporciona. Peidro podría haberse limitado a poner en imágenes la historia, pero demuestra inquietudes como narrador que resultan muy estimulantes en su narración. Conjugar miradas literarias y cinematográficas no es una labor sencilla, pero Insurrección podría resumirse de esa manera, aun sabiendo que no es eso lo que termina de definir a este tebeo. Peidro diseña muy bien a sus personajes, y no necesita un realismo fotográfico para conseguir que nos metamos de lleno en la historia, sabe narrar mirando a detalles que se escapan al centro de la acción, como lo hace en las conversaciones que escuchamos fuera de plano, y hace que el color tenga un significado espectacular para que sintamos no solo el escenario que estamos viendo, sino el mismo tono de la dramática historia a la que asistimos como espectadores. Y sí, Insurrección es un puñetazo en el estómago porque habla de sinrazón y barbarie, pero sobre todo porque evidencia los muros que hubo que saltar en la lucha obrera para lograr lo que hoy damos por sentado. Peidro no se deja llevar por la mirada contemporánea, pero la entiende, y tampoco se encierra en el paso, aunque lo explica de maravilla. Muy buen trabajo.

El único contenido extra es un texto del profesor de Historia Diego L. Fernández Vilaplana sobre los hechos descritos en la obra.

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Esta entrada fue publicada en 29 septiembre, 2025 por en Desfiladero, Jordi Peidro y etiquetada con , .

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