Director: Tim Burton, Paco Cabezas, Angela Robinson.
Reparto: Jenna Ortega, Emma Myers, Steve Buscemi, Catherine Zeta Jones, Gwendoline Christie, Joy Sunday, Georgie Farmer, Christina Ricci, Moosa Mostafa, Isaac Ordonez, Owen Painter, Billie Piper, Luyanda Unati Lewis-Nyawo, Victor Dorobantu, Evie Templeton, Luis Guzmán, Joanna Lumley, Christopher Lloyd , Thandie Newton, Anthony Michael Hall, Lady Gaga, Casper Van Dien.
Episodios: 8.
Duración: 60 minutos.
Plataforma: Netflix.
Estreno: 6 de agosto / 3 de septiembre de 2025 (Estados Unidos, España).
Es evidente que en Miércoles hay poco en realidad del cómic creado en 1938 por Charles Addams, y sí mucho de las películas de La familia Addams que vimos en los años 90 (aquí y aquí, sus críticas). Es todavía más evidente que el baremos para juzgar la serie, incluso ya en su primera temporada (aquí, su crítica), no está tanto en su trabajo de adaptación de un cómic, sino en el encaje que puede tener en el universo de Tim Burton, director en esta segunda temporada del primer episodio, del cuarto y de los dos últimos (no queremos olvidarnos de Paco Cabezas, que se encarga de la dirección del segundo y el tercero). Y, siendo una serie de Netflix, estaba más que cantado que la apuesta sería la de multiplicar después de que la primera temporada convenciera bastante. Así que esta segunda tanda de episodios de Miércoles, ocho más, hay más familia Addams que en la primera temporada, hay más de lo que vimos en los ocho primeros episodios y hay una escala mayor en todos los sentidos, con más bailes, con más colores, con más criaturas y con más misterios que uno no sabe hasta dónde pueden llevar. Eso, cierto, hace que Miércoles sea un poco menos protagonista, a pesar de enormes momentos del personaje interpretado por Jenna Ortega (no olvidemos que es ya una veinteañera que en la serie tiene que pasar por una niña apenas adolescente).
La mención de Burton ya invita a pensar en ese mundo gótico y siniestro cargado de humor negro que se vincula a su obra. Miércoles encaja, sin duda, pero es verdad que hay momentos en los que la serie parece divagar. Eso pasa, porque la resolución de las tramas es adecuada. Tiene algunos trucos, claro, pero se sale de la segunda temporada con la sensación de que muchas de las cosas que parecían haberse salido de madre tienen al final su lógica o el camino abierto para que la tenga más adelante. En comparación con la primera temporada, esta segunda parece ser un poco más enrevesada para hacer que Morticia, Gómez e incluso Pugsley tengan un papel relevante en la trama, papel que en los episodios intermedios casi parece un tanto forzado, aunque luego, insistimos, todo quede bastante más claro. Y ante el riesgo de que la serie sea menos Miércoles que en su inicio, hay un avance claro del personaje en muchos sentidos. Para Ortega, todo despega en un episodio en el que sucede hace algo que acerca su personaje al de Enid (y es Emma Myers quien se lleva la escena de baile que, por supuesto, no podía faltar), en uno de esos episodios que parecen casi un relleno para la trama principal, pero que a la vez terminan de moldear la propia personalidad de la serie y dejan esos momentos que perduran en el recuerdo (como Luis Guzmán hablando en español).
Esto es una forma amable de hablar de una cierta irregularidad en el formato, pero teniendo en cuenta que su fantasía es tan peculiar se acaba aceptando sin problema, seguramente también por la forma en la que Netflix nos sirve la serie, en dos tandas de cuatro episodios cada una, lo que permite un visionado cómodo. Hay momentos en los que da la sensación de que se va a repetir demasiado la estructura de la primera temporada y decisiones, como el cliffhanger del episodio cuarto que no van más allá de un efectismo innecesario. Es una segunda temporada más siniestra que la primera, pero también más ambiciosa. Quizá por ello es un poco menos redonda, pero se aprecia el esfuerzo y los nuevos personajes, junto con los que cobran más peso, redondean bien sus arcos. Miércoles, a pesar de estar por supuesto en el centro de todo, pesa menos de lo que parece, y eso es quizá el gran debe de la segunda temporada, ya que casi todas las resoluciones de trama tienen a la hija de los Addams más como espectadora que como ejecutora. Es, quizá, el precio que Burton estaba dispuesto a pagar para que Miércoles se convirtiera en un retrato de los Addams mucho más ambicioso de lo que fue en la primera temporada. Se paga y se disfruta, aunque parece evidente que será la tercera temporada la que confirme si ese viraje merece la pena o no.
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