Guion: Javier Pérez Andújar.
Dibujo: Raquel Gu.
Páginas: 136.
Precio: 25 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2025.
Cuando usamos el término inclasificable, muchas veces estamos escondiendo una falta de ganas de analizar lo que tenemos entre manos. No es una crítica hacia nadie, no, pero es así. Inclasificable vale para todo aquello que no queramos tomarnos la molestia en desgranar en profundidad. ¿Pero qué pasa cuando de verdad nos topamos con algo que da la sensación de que es… sí, inclasificable? Podemos pensar más artículos para definir lo que hacen Javier Pérez Andújar y Raquel Gu en Margarita contra los vampiros, pero este nos parece perfecto. Ni comedia, ni drama, ni terror, pero a la vez todo junto. Hay una anciana que lleva un espíritu de una amiga suya en el carro de la compra que emprende un viaje hacia Transilvania con el vendedor de los cupones y el hijo de inmigrantes chinos que tiene el bar al que van. Y por el camino cantan canciones de Duncan Dhu, The Cure… o Torrebruno. ¿Veis como es inclasificable? Hasta su final lo es, por mucho que busquemos encasillarlo en la comedia. Y por eso lo mejor que podemos decir de Margarita contra los vampiros es que es uno de esos tebeos que deja huella. Lo hará por motivos bien distintos en cada lector que decida asomarse al libro, pero estamos convencidos de que huella deja en todos los casos, porque es una frikada de cuidado escrita y dibujada con un cariño inmenso.
Ese es el peligro que tiene una historia inclasificable, que nadie la tome en serio. Y lo que consigue Pérez Andújar es justo lo contrario, que nos metamos de lleno en una suerte de road movie de lo más extraña sin que en realidad nos lo parezca. No quiere esto decir que no nos demos cuenta de lo que estamos leyendo, de lo atípico de los personajes, de las situaciones que viven y de los diálogos con los que el escritor decora todo el proceso, no es que juegue al engaño ni que use artimañas para enmascaras lo que es, pero Margarita contra los vampiros tiene un toque de elegancia casual, de fantasía cotidiana, que termina por convencer casi sin que nos demos cuenta del tránsito entre la locura y la lectura inteligente. Es una comedia, claro, y no es algo que quiera ocultar en ningún momento, pero con ello no resta menos efecto a la lucha contra los vampiros que evidencia el título desde el principio. Hemos hablado de los diálogos, pero no podemos dejar de destacar también la dinámica del grupo. Se crea con hechos y con palabras, con diálogos que provocan que imaginemos la relación que han tenido los protagonistas antes de arrancar el viaje, pero también con detalles tan aparentemente triviales como la música que suena en el coche. Cuántos viajes hemos visto en silencio o con conversaciones vacías como para no valorar una simple radio para amenizar esos momentos.
El estilo de Gu favorece todo lo que estamos diciendo. La comedia la domina, eso es obvio en su trayectoria y lo es casi de inmediato en Margarita contra los vampiros, porque empezamos a leer con la ceja arqueada, esperando un golpe de humor en la salida matutina y cotidiana de Margarita, con su carro de la compra, pero también sabe destacar en la puesta en escena cuando la necesita, sobre todo cuando recibimos tan pronto el primer flashback. Gu sabe que tiene entre manos un grupo atípico, que se aleja de los arquetipos del género, y de la misma manera que Pérez Andújar lo que hace especial su trabajo es que se lo toma muy en serio. También hay un buen trabajo en las convenciones del género, no es casual que se parezca más a la criatura de Nosferatu que a cualquier interpretación que podamos tener en la cabeza de Drácula, y el color que tiene la historia, con una notable predominancia de los rojos, nos mete de lleno en una caza de vampiros, que al final es de lo que se trata en este cómic. Uno que, sí, es inclasificable porque se zafa de cualquier referente que podamos pensar a priori, uno que se desenvuelve con gracia y con saber estar, uno que respeta a sus personajes y que, sencillamente, imagina algo que parece imposible para contar una historia que tiene mucho de género, mucho de cotidianidad y mucho de otras muchas cosas.