CÓMIC PARA TODOS

‘D’eath 1. El duelo’, de José Antonio Fideu y Vicente Cifuentes

Editorial: Seremdipia.

Guion: José Antonio Fideu.

Dibujo: Vicente Cifuentes.

Páginas: 82.

Precio: 18 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2025.

Hay algo ilusionante en ese número 1 que aparece en el lomo de D’eath. El duelo. Ilusionante por lo que vemos en este entretenidísimo whodunnit que, ironías de la vida, lo dibuja el mismo ilustrador que hizo… Whodunnit (aquí, su reseña). Allí trabajaba con El Torres y aquí lo hace con otro viejo conocido, José Antonio Fideu, con quien ya hizo en su día Núbilus, La logia de los soñadores y Alma. Aquellos tebeos demostraban el gusto de ambos autores por lo fantásticos, pero el tiempo ha pasado, los años no pasan en balde y los autores han madurado. Ojo, no mejorado, sino crecido, que es distinto. Hay fantasía en D’eath, claro, pero lo que importa es El duelo. Es un duelo de ingenio el que plantean los autores, uno llevado tan bien que el lector, ese que siempre quiere ir un paso por delante y está tan seguro de que sus conclusiones serán las acertadas en un juego tan divertido como este, la búsqueda de un asesino en un entorno cerrado, puede pensar que hay agujeros en la trama. Pero en realidad es una trampa de Fideu, que nos hace creer en esos cabos sueltos para acabar atándolos con brillantez… y con una sencilla elegancia, que es lo que al final hace, junto con el siempre fino arte de Cifuentes, que la lectura sea una de esas pequeñas grandes gozadas que de tanto en tanto caen en nuestras manos casi sin hacer ruido.

Como todo buen relato de intriga, Fideu coge todos los elementos que necesita y los lanza en unas pocas páginas. Define el marco en el que se va a desarrollar ese duelo del que habla el título, uno entre un investigador y una médium, moviéndose hábilmente en la frontera de la simpatía por uno o por el otro (aunque entregue el título de la obra al primero, pues D’eath es su nombre), presenta a todos los personajes con elegancia, encuentra un escenario bien fundamentado para que el misterio encuentre los límites que necesita y hasta se permite el lujo de ir contando los primeros capítulos de una segunda entrega de la serie mientras nos va contando la primera. Eso no es nada fácil, porque implica mezclar historias, personajes que no comparten espacio, incluso temas de fondo que no son los mismos. Y sin embargo, todo encaja con naturalidad, con solidez, con ingenio y con un sentido del entretenimiento que se acerca a los clásicos sin parecer por ello que ya nos tenemos que saber todos los vericuetos por los que se va a mover el guion. Muy al contrario, y esto no es tan habitual, el misterio sorprende, aunque es verdad que todas las cartas están sobre la mesa para quienes quieran resolverlo antes de que Fideu se encargue de mostrarlas, sobre todo por una escena que no vamos a señalar y que, siendo clave, quizá podría haberse introducido de otra manera.

A Cifuentes le encantan estas historias que tienen tanta base psicológica en sus personajes, y parece que él mismo es un interesado más en seguir avanzando para descubrir lo que ha sucedido. La caracterización siempre ha sido uno de los fuertes de Cifuentes, y D’eath no lo es menos que otras obras suyas. El misterio funciona porque los personajes lo sienten como tal, porque las miradas dicen mucho y porque las sesiones de espiritismo que hay se alejan de efectismos baratos para servir eficazmente al misterio. Otro logro visual de D’eath está en sus protagonistas. Puede que el investigador tenga un aspecto más convencional, partiendo de arquetipos que funcionan, pero con su pretendida antagonista femenina se anota un tanto importante desde el principio, porque de alguna manera desmonta así los fundamentos clásicos del duelo, en el que el lector se ve obligado a tomar partido casi inconscientemente. El duelo parece un tebeo sencillo, y no lo es tanto. Parece que el ingenio es lo mejor que tiene que ofrecer, pero en realidad hay una construcción de este universo mucho más intensa de lo que parece. Y ahora lo que hay que pedir (¡exigir!, aunque siempre desde el buen rollo) es que al 1 del lomo del libro se sume más pronto que tarde un 2 que haga que este tebeo nos parezca todavía más encantador y entretenido de lo que ya nos ha parecido que es.

El único contenido extra es un portafolio de diseños, bocetos e ilustraciones de Vicente Cifuentes.

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Esta entrada fue publicada en 11 julio, 2025 por en Serendipia, Vicente Cifuentes y etiquetada con , , , .

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