Guion: Diego Olmos.
Dibujo: Diego Olmos.
Páginas: 120.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2025.
Es increíble lo que un plagio descarado puede llegar a suponer en la historia de la narrativa. Eso es lo que era, a priori, Nosferatu. La película de Friedrich Wilhelm Murnau era una adaptación no autorizada, pero a la vez nada oculta, del Drácula de Bram Stoker, cuando esta novela ni siquiera había llegado por primera vez al cine. Mientras Nosferatu se estrenó en 1922, la primera película de Drácula, la protagonizada por Bela Lugosi, no llegó a los cines hasta 1931. Pero Nosferatu no es una copia, no es solo un Drácula encubierto, no es un proyecto inútil. No, es una película brutal, un ejercicio de expresionismo salvaje, muda, sí, pero cargada de mensajes, de simbolismo y de planos inolvidables, con un protagonista diseñado para aterrorizar. Diego Olmos no conoció Nosferatu por la película original, sino por el remake setentero que protagonizó Klaus Kinski, y aun así la imagen de ese vampiro se le quedó grabada en sus pesadillas. Tanto como para, años después, volver a la cinta original y adaptarla de nuevo en Nosferatu. Una sinfonía del horror, con la misma libertad que el Nosferatu original quiso terror, mostrando un terror primigenio, básico, profundo, que parte de todas y cada una de las apariciones de la criatura, algunas calcadas de la película de 1922, otras de cosecha propia de un autor que se ve que ha disfrutado con este trabajo.
Nosferatu es una historia que, linealmente, sucede de manera bastante sencilla y accesible. La aportación de Olmos en ese sentido es la de introducir palabras y diálogos para que una película muda cobre plena vida. El autor no se complica demasiado, no necesita innovar, tira de repertorio conocido y, así, le da una forma conocida, en la que tanto los conocedores de Nosferatu como quienes hayan accedido a este viaje a lo desconocido a través de Drácula se van a sentir cómodos. Olmos no quiere innovar ni modernizar, sino honrar el espíritu original de la película de 1922, y eso lo consigue con solvencia. Es una adaptación, y parte de ese camino lo tiene ya recorrido antes de ponerse a trabajar, pero nada nos saca de la inquietante atmósfera que se desarrolla, tanto en terreno del conde Orlok como cuando este monstruoso ser llega a la civilización. El Nosferatu de Olmos presenta el adecuado componente de sensualidad que tiene que tener una caza como la de Orlok y un concepto como el del vampirismo, pero tiene mucho más de terror y está rendida a la puesta en escena, a las continuadas apariciones casi fantasmagóricas de esa amenaza tan visible. De alguna manera, ese es también un tributo a las formas cinematográficas en las que se nos presentó este mito de terror. El cómic le da otro desarrollo, pero nunca reniega de su presentación original.
Y no lo hace, lo hemos dicho, porque el impacto visual de cada aparición de Orlok tiene algo de fotograma mudo. No podría ser de otra manera, al menos no si se quería conectar con el espíritu de Nosferatu, pero se agradece que Olmos no haya querido jugar a ser más que la criatura que maneja. Puede dar la sensación de que muchas de las apariciones de este diabólico antagonista están dibujadas de antemano, sin más intención narrativa que la de estremecernos en su contemplación, pero en el fondo da igual. Si se trata de sentir miedo, esa herramienta sirve tanto como la del homenaje directo a las más recordadas escenas del filme expresionista con el que nace esta leyenda. Olmos no renuncia a nada de lo que ofrecía la película de Murnau, a lo que Max Schreck fue en la pantalla, a lo que sumaron actores que después le han dado vida, desde el mencionado Kinski al Willem Dafoe de La sombra del vampiro, la apreciable película que recorría el rodaje de la original, y completa un bonito y atractivo homenaje. Uno que, hoy en día, en un tiempo el que tan fácil es que un autor opte por un vampiro propio, cobra todavía más valor por la reivindicación de un cine que muchos ni siquiera valoran. Nosferatu vive, Olmos hace que llegue a nuevos públicos a los que despertar el gusanillo por una película magnífica que ya nadie programará en prime time.
El contenido extra lo forman unas notas finales de Diego Olmos y una galería de bocetos e ilustraciones del autor.
En nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.