Guion: Julien Frey.
Dibujo: Adrián Huelva.
Páginas: 120.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2025.
No es sencillo encontrar escenarios de ciencia ficción que no hayan sido ya tocados de una forma o de otra, por lo que no es tarea fácil asomarse a uno nuevo. El de Las salamandras tiene elementos que nos van a recordar a otros, sí, de manera evidente a 1984, la novela de George Orwell, pero a otros mucho, y no hará falta más que asomarse a su premisa para entenderlo. El cómic de Julien Frey y Adrián Huelva habla de un mundo en el que la Sociedad vela por el bienestar de todos, al menos aparentemente, prohibiendo todo lo que es nocivo, y en el que un extraño virus ha hecho que algunos ciudadanos muten y se conviertan en salamandras humanas. En la historia hay una resistencia, periodistas sin escrúpulos, operaciones de marketing para presentar a un gobierno de la mejor manera posible y un protagonista anodino que, de repente, se ve envuelto en una trama en la que jamás se habría imaginado jugando un rol protagonista. Esto es Las Salamandras y, sí, podemos pensar en muchas referencias solo con ese resumen, también por supuesto cuando entramos en el detalle. Por eso hemos empezado diciendo lo difícil que es para un autor imaginar algo que cale en el lector por méritos propios. Y por eso, asumiendo esas referencias, que más que inevitables son hasta necesarias en la vida de un autor, hay que destacar la frescura del tebeo.
La tiene a pesar de que en la primera mitad del relato casi todas las sorpresas y giros de guion son bastante esperables, y es que eso se compensa con relativa facilidad con la cercanía con la que se desenvuelve la historia. No hay un héroe impertérrito, no hay un rocoso elegido para cumplir una profecía, no hay, ni siquiera, una persona medianamente admirable en el centro del todo: en Las Salamandras seguimos, literalmente, a un don nadie, y eso tiene un encanto especial en una sociedad que quiere ser tan perfecta. Encaja, desde luego, con la idea de la diferencia que encarnan las propias salamandras, que son la resistencia violenta de un mundo que protesta en silencio. Y es verdad que Frey acaba apostando por un envoltorio más dinámico, más de género, más de centrarse en el mundo que está creando, en ese futuro oprimido y con esas salamandras que están en el eje de la historia, pero de fondo se mueven muchos más temas que dan solidez a la historia. De esa manera, se elude una ciencia ficción demasiado dura y se apuesta por un público más amplio, pero eso no tiene por qué ser negativo. No lo es, de hecho, porque además la conclusión del relato redondea muy bien todos los temas que plantea, o a casi todos, porque hay uno que afecta al protagonista que queda un poco en el aire, con demasiada intrascendencia para lo que en realidad supone.
Huelva tiene muchas virtudes como narrador gráfico, pero hay una que salta a simple vista: hace sencillo lo difícil. Quizá por eso un estilo como el suyo encaja con tanta facilidad en la historia de un don nadie que está en el momento y lugar equivocados. Lo fácil sería quedarse en el diseño de esas salamandras del título, y este es bastante bueno, pero lo que realmente destaca en su trabajo es lo que consigue alrededor de estos personajes y es lo que da fuerza a ese entorno de ciencia ficción del que hablamos. Se ve lo cotidiano y lo futurista, y nos creemos las dos cosas. Se ven criaturas y personas anodinas, y por lo que sea ambas nos parece igualmente especiales. Y tiene una muy buena puesta en escena para que hasta los silencios sean significativos, algo que no es muy habitual en una historia de género que apuesta por caminos como los de Las Salamandras. Huelva da empaque a la propuesta de Frey entre otras cosas porque sabe ir mostrando el periplo del protagonista a través de sus cambios físicos y de todo lo que le va pasando. Y sí, parece sencillo, porque todo tiene un buen ritmo y dejarse llevar por la historia es la decisión más sensata que puede adoptar el lector, pero hay más complejidad de lo que parece. Por eso es una lectura tan entretenida, aunque su carácter comercial pueda pesar más al final que el fondo de los temas que toca.
Drakoo publicó originalmente Les Salamandres en enero de 2025.
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