Guion: Raphaël Geffray.
Dibujo: Raphaël Geffray.
Páginas: 192.
Precio: 22,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2025.
Si hay algo que llama poderosamente la atención de La estación es que es una de esas obras que resulta muy, muy difícil de etiquetar. Y si lo hiciéramos, casi podríamos inclinarnos por definirla como una extraña historia de amor posmoderna. Raphaël Geffray, desde luego, se ha empeñado en que eso sea lo más llamativo, lo que está en el centro de todo, es ese extraño romance al principio unidireccional pero que después se acaba convirtiendo en algo enfermizo por ambos lados. Eso sí, ya desde el título Geffray quiere que tengamos una mayor amplitud de miras apuntan al lugar en el que sucede todo, esa estación que dirige una mujer madura que no sabía lo que era enamorarse, solo trabajar a destajo para ascender y tener poder. ¿Y qué pasa cuando alguien que domina con mano de hierra e inteligencia palpable se desconcentra y pierde el foco? Pues que surgen todo tipo de problemas, que son los que, al final, paga el ciudadano de a pie. Si con eso no queda claro lo complicado que es definir La estación, lo mejor que se puede hacer es lanzarse de cabeza a sus páginas, unas que conjugan diseño y narrativa con mucha habilidad para presentar un tebeo que habla de la sociedad contemporánea en todos los sentidos y que, desde luego, no está pensado para dejar indiferente, ni por lo que cuenta ni por la forma en que lo hace.
Dentro de esa imposibilidad de ponerle etiquetas, es cierto que hay momentos en los que se podría poner una u otra. Lo que sí está claro es que Geffray brinda una obra moderna en todos los sentidos. Es moderna en su planteamiento, en su manera de entender las relaciones personales, en la frialdad que hay en buena parte de su mundo y cómo eso puede conducir a las más encendidas pasiones (y no, no estamos hablando solo de lo amoroso, aunque también). La estación habla de élites y currantes, habla de modelos de vida, habla de gestiones de emociones y de sentimientos, habla de miedos y complejos, también de competencias personales, sean laborales o emocionales. Habla de tantas cosas que por eso lo único sensato que se puede recomendar es la lectura y que, a partir de ahí, cada uno de nosotros reflexionemos sobre los mensajes que lanza. Es una obra que, a partir de esa base, debate más que sentencia. Con todo lo que habla de sus personajes, y aun así quedan muchas de sus decisiones abiertas a la interpretación del lector. De hecho, casi al final hay una pregunta que se hace uno de ellos que representa esa idea de una manera clara. Y como hay más preguntas que respuestas, es difícil bajarse de La estación, conjugando bien su intención de impactar con la de hacer que reflexionemos.
Si hemos hablado de La estación como un tebeo moderno, eso se debe también al dibujo de Geffray, a las formas que dibuja, a la puesta en escena, a los colores y al mismo hecho de convertir a la estación del título en un ente viviente que respira y se mueve, se transforma para adecuarse a lo que necesitan los personajes principales. Es una sensación muy extraña, porque no busca parecido con la realidad y sin embargo es tremendamente real. El color es el elemento más psicodélico, casi onírico, con el que el autor nos lleva a una suerte de universo paralelo, en el que reconocemos cosas, pero en el que a la vez nos sentimos en un lugar completamente diferente al que ocupamos nosotros. Y eso, quizá, es la mayor magia de La estación, que pareciendo algo tan irreal consiga despertar emociones tan identificables. Es un tebeo extraño, eso tampoco lo vamos a negar, pero esa misma extrañeza ayuda a que La estación nos enganche de una manera muy curiosa. Y sí, probablemente ese sea el encanto de la obra de Geffray, esa extravagante cercanía desde un punto de vista tan moderno que a veces parece irreal. Lo es por su paleta de colores, por su alma de diseño y por otras muchas razones, pero ¿cómo sentirse lejos de una historia de amor? Lo es, podemos asegurar que lo es. De principio a fin.
Sarbacane publicó originalmente La gare en septiembre de 2024.