Guion: Federico Supervielle.
Dibujo: Federico Supervielle.
Páginas: 20.
Precio: 6 euros.
Presentación: Grapa.
Publicación: Mayo 2025.
Por regla general, la historia contemporánea de España parece vivir ajena al mundo del cómic, que no se acerca a ella más que en contadas ocasiones y para ser extremadamente fiel a la realidad, casi más como documentos históricos, periodísticos y didácticos que desde cualquier otra perspectiva. Es como si sucesos que el lector haya podido vivir en los medios de comunicación a lo largo de su vida más reciente estuvieran vetados para ser la base de una historia de ficción. Y por eso Al alba, levante y cota catorce tiene un agradable sabor pionero, porque Federico Supervielle ambienta su relato en la crisis de Perejil, aquel islote en aguas españolas del que nadie había oído hablar y que fue ocupado por militares marroquíes provocando un incidente diplomático tan inesperado como inverosímil. Supervielle, oficial de la Armada, encuentra en aquellos hechos un punto de partida atractivo para crear una historia bélica de submarinos que entronca con la mejor tradición de esta línea y, a la vez demuestra pericia y conocimientos profesionales y un buen ritmo para la acción que describe. Hay cierta inocencia en algunos diálogos de la historia que buscan humanizar a los personajes, para que veamos más allá de la coraza militar, pero en el poco espacio que tiene esta relato corto deja un muy buen sabor de boca.
En este tipo de relatos bélicos se suele dar más importancia en nuestros días a subalternos que a comandantes, pero Al alba, levante y cota catorce apuesta por lo clásico, por mostrar a un líder, como pasaba por ejemplo en las películas de submarinos más conocidas, La caza del Octubre Rojo o incluso Marea Roja. Supervielle traza bien su perfil, pese a la escasa duración del relato, y no cuesta imaginarle como protagonista de más aventuras de distinto calado, tuviera o no la base real de la que se aprovecha esta. En el dibujo da la sensación de que impresiona más el escenario, la tecnología, los buques de guerra que los propios personajes, y eso seguramente justifica los esfuerzos de guion por darles una personalidad que en el dibujo, más allá del actor principal, queda un poco desdibujada por falta de tiempo. La sensación, en todo caso, es muy inmersiva, en todo momento se vive una historia desde dentro, aunque con el privilegio también de asistir a lo que sucede desde el exterior del submarino. Esa doble vía hace que la historia sea muy fácil de seguir y de leer. Perejil es uno de tantos episodios que podrían servir para la construcción de un relato de ficción, con lo que Al alba, levante y cota catorce no hace más que abrir una puerta que el propio autor ya anuncia en el cómic que continúa en su propio espacio personal. No es nada mala la iniciativa.