Título original: El eternauta.
Director: Bruno Stagnaro.
Reparto: Ricardo Darín, Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Ariel Staltari, Marcelo Subiotto, Claudio Martínez Bel, Mora Fisz, Orianna Cárdenas, Aron Park, Gabriel Fernández, Thiago Uriel Aguiar, Raúl Esteban Gigena, Charly Velasco, Claudia Vivian Schijman, Paloma Alba, Byron Barbieri.
Distribuidora: Netflix.
Temporadas: 1.
Episodios: 6.
Duración: 55-68 minutos.
Estreno: 30 de abril de 2025 (Argentina, España).
Había muchas ganas de ver El eternauta en la pequeña pantalla y la adaptación de la obra de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López cumple con todas las altas expectativas que se habían puesto sobre la miniserie de Bruno Stagnaro. En realidad, y esa es la primera aclaración que habría que hacer, sus seis episodios no son los de una miniserie, sino los de una primera temporada. La segunda aclaración, lógicamente, tiene que ver con su valor como adaptación. No sigue al pie de la letra lo que escribió Oesterheld, y ese atrevimiento queda ya de manifiesto desde la primera escena de la serie, una creada para la ocasión y casi una excusa inicial evidente para el devenir de El eternauta, pero sin embargo muestra una fidelidad al espíritu es que es encomiable. Eso es justo lo que cabe esperar de una adaptación, porque de esta manera consigue personalidad, marca distancia y actualiza un relato que, no lo olvidemos, tiene ya casi 70 años de vida. El viaje para verla en la pantalla ha sido largo, pero merece mucho la pena por lo visto hasta este punto, seis capítulos de gran ritmo, de intenso suspense y técnicamente irreprochables en todos los aspectos, por si acaso alguien tenía dudas por el hecho de no ser una gran producción hollywoodiense. Ese es, de hecho, su primer gran valor: mantener la esencia argentina como base de la historia.
Ese, siendo una serie de producción argentina, era un valor relativamente sencillo de conservar, pero es un punto a favor. Lo es también lo reconocible que es. Quien haya leído el cómic original (aquí, su reseña) o la posterior versión más breve por su cancelación que hizo en 1969 (aquí, su reseña), verá claramente que estamos ante la misma historia, ante la misma base, ante las mismas emociones. El mundo vive el mismo peligro, lo que parece una nevada, pero con unos copos que matan por contacto, como preludio de algo mucho más grande. Y mantiene los mismos valores, los de la necesidad de luchar como un colectivo, a pesar de que el título, en singular, invita a pensar en un único protagonista. La serie, de hecho, expande todavía más esa idea, introduciendo nuevos personajes y dando papeles más relevantes a otros. La actualización no pasa solo por introducir teléfonos móviles, sino también por entender el papel en la sociedad, por ejemplo, de las mujeres. Puede faltarle cierta lectura política, al menos en lo que se ha visto hasta ahora, pero siendo precisos esa lectura no la tenía tampoco El eternauta cuando se publicó el cómic, sino que la fue adquiriendo con el paso de los años por la historia personal de Oesterheld, tan fascinante como el propio devenir de su eternauta.
La serie, con esos valores, tiene terreno abonado para ganarse una vida propia. Lo hace, aunque abusando de la oscuridad en el primer capítulo y en el que cierra esta primera temporada, con una idea muy clara en todo momento, con un ritmo audaz, sumando misterios a la historia para que no sea un relato más de invasiones, y con un reparto muy, muy sólido. Uno podría pensar que contar con un actor muy conocido fuera de Argentina como es Ricardo Darín junto a un grupo amplio de intérpretes que no nos serán tan familiares podría provocar algún desajuste, pero no es así. Y es otro rasgo de valentía, pues Darín es sensiblemente mayor de lo que dibujo Soriano en El eternauta original. La serie sabe crear una atmósfera interesante, que se escapa precisamente de esa oscuridad inicial para darle todavía mayor credibilidad, y en lo técnico es de una factura notable. El eternauta encarna la sensación de que se cumple un sueño para los lectores que ha ido aunando la obra de Oesterheld y Solano durante muchas décadas, de que es un muy apreciable trabajo de adaptación, por cuanto entiende el referente sin sentirse preso por él, y de que es, ahora mismo, una base sobre la que seguir creciendo en futuras temporadas. Margen hay, desde luego, para que la serie siga dándonos alegrías.
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