Guion: Arkaitz González.
Dibujo: Arkaitz González.
Páginas: 120.
Precio: 15 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2025.
A veces, el camino más eficaz para contar una historia es el de la sencillez y ¡Astrid! es un buen ejemplo de ello. Puede que la obra de Arkaitz González no rompa molde alguno, no cambie las reglas del juego, no sea una de esas lecturas que todo el mundo considere imprescindibles, ni se colará, quizás, en ninguna lista de los mejores cómics del año. Pero lo que cuenta es, a través de esa sencillez, francamente hermoso. González se asoma a la vida real, a problemas tangibles, a cuestiones importantes que afectan a la identidad de género, a la discriminación por razón de orientación sexual, a la Iglesia, a los prejuicios, a las distintas formas de familia que hay en nuestra sociedad, a los sueños y a lo que podemos hacer por ayudar a los demás a cumplirlos, a los niños de acogida, a la amistad y al amor. Y después de darse cuenta de todo lo que cuenta ¡Astrid!, de todos estos temas a los que se asoma de una manera elegante y realista, ¿cómo no valorar la obra de González de una manera positiva? Lo merece porque sabe encontrar una simpatía en sus personajes, en su forma de dibujarlos y de describirlos, que casi parece convencernos de que son personas reales, con las que no es que podamos sentir empatía, es que directamente es facilísimo conectar. Sus problemas son los nuestros, sin necesidad de formar parte de una familia de dos madres.
¡Astrid! es la historia de dos hermanos que no comparten sangre, pero que lo son desde el orfanato, acogidos por una pareja lesbiana que afronta en una nueva vida después de una mudanza. Ese es el punto de partida de una historia que, lejos de quedarse en la mera defensa de la igualdad, hace que la veamos (¡como tiene que ser!) desde un prisma cotidiano. Nada es forzado, a pesar de que se pueda pensar que la confluencia de estos diversos elementos pueda ser complicada de encontrar. Lo que vemos, y ese es el gran logro del cómic, es una familia. Y la vemos con el mismo cariño que pone el autor en desarrollarla, incluso en sus momentos de conflicto, lo cual tiene un mérito enorme, porque habla de una conexión a ambos lados de la página que se agradece mucho. Y la historia, al final, tiene ese punto reivindicativo que nace, además, de distintas experiencias personales. Las dos mujeres, las dos madres, han tenido vivencias muy distintas para salir del armario, y eso cuenta. La obra, además, encuentra un paralelismo brillante entre madres e hija que mantiene una tensión emocional importante y que explota durante una representación teatral que, por si le hiciera falta, añade todavía más temas a ¡Astrid! de los ya mencionados al principio. Hay muchos detalles debajo de esa mencionada sencillez, y eso habla de lo buen escritor que es González.
Y dibujante, claro, porque si la simpatía es un elemento imprescindible en ¡Astrid! es por lo mucho que transmiten sus personajes. Con un estilo juvenil, cercano a la animación en muchos momentos, redondeando rostros y aumentando ojos como si Disney estuviera detrás del diseño de los personajes, el autor encuentra un escenario de confort notable para que el lector pueda entrar de lleno en las circunstancias de los protagonistas sin plantearse nada más. Astrid es el mejor ejemplo, es difícil no coger cariño a la niña desde el momento en el que la vemos por primera vez, y esa es una sensación que se traslada a todos los personajes. Pero ¡Astrid! es en lo visual, por encima de todo, un retrato divertido de la vida real, con una expresividad en los personajes que hace que entremos de lleno en sus emociones sin dar vueltas a si está bien o mal dibujado (y, por si acaso, lo está estupendamente). Sin necesidad de grandes artificios, su narración gráfica es precisa, modélica incluso, porque el acting de cada personaje encaja con elegancia en la historia que está contando y en la personalidad que González ha dispuesto para cada uno de ellos. Podríamos seguir hablando de ¡Astrid! durante horas, con lo sencillo que es, y la conclusión sería la misma: que González consigue que nos enamoremos de sus personajes, de su historia y de su visión de la vida. Poca cosa, ¿verdad?
El contenido extra lo forman una colección de fan-arts y la primera ilustración que hizo Arkaitz González de la familia protagonista.
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