CÓMIC PARA TODOS

‘Días de inmortalidad’, de Eliseo García y Javier Urrea

Editorial: Drakul.

Guion: Eliseo García.

Dibujo: Javier Urrea.

Páginas: 104.

Precio: 21,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2025.

A veces podemos darnos cuenta de que la Historia no se escribe en los libros de texto mejor de lo que se puede hacer en un libro de ficción. O, mejor aún, en un cómic. ¿Qué puede mejorar a Días de inmortalidad si lo que buscamos es un retrato preciso, minucioso, creíble y sobre todo humano de la juventud en los años 80? Esa idealizada década, más bien por quienes la vivieron en su niñes que por quienes la pasaron en la adolescencia o en sus primeros años de supuesta madurez, es el escenario de la obra de Eliseo García y Javier Urrea, y lo es en el sentido más amplio que podamos imaginarnos. Lo es por su aspecto, un auténtico viaje al pasado por todo lo que vemos dibujado, pero lo es, sobre todo, en su espíritu, en sus diálogos, en las relaciones que se entablan entre los personajes, las de amistad, las de amor y deseo sexual, las paternofiliales. Todo es un eco de una época perdida, plasmado con un minucioso cuidado a la hora de retratar todos los detalles que han de transportarnos a ese momento de la historia de España en la que todo era incierto. Días de inmortalidad es un grito nostálgico, sí, es obvio cuando vemos el capítulo que cierra la obra, también con la descripción de tantos momentos de ocio y de recuerdos imborrables como hay en sus páginas, pero no es una idealización ingenua de unos tiempos que fueron complicados para muchos.

El equilibrio que hay en el guion de García no es tan sencillo como pudiera parecer. Estamos siguiendo a personajes de ficción (¿lo son?), pero a la vez casi todo lo que viven tiene una resonancia tremenda en el lector, independientemente de que su experiencia fuera la misma o parecida. No hace falta ese nivel de empatía para entender lo que sucede o para comprender que la jerga juvenil de aquellos años era exactamente esta. Y tenía sentido, se hablaba así. Se vivía así, la juventud tenía ante sí un escenario desconocido, en el que tener clara una vía de futuro era algo extraordinario y raro, en el que la mili asomaba para los hombres y una incipiente liberación se atisbaba ya en las mujeres. Hay tantos detalles en la historia que el peligro de que se tenga que forzar el relato para incluirlos está ahí, presente en todo momento, pero sorteado con inteligencia, porque, ante todo, García consigue que nos creamos a los personajes, que de alguna manera podemos entender lo que hacen, lo que piensan, cómo hablan y cómo se desenvuelven en los escenarios que hay en la obra. Por eso la inmersión temporal es tan completa, porque se ha cuidado hasta el menor de los detalles, todo con el fin de que esto no parezca enteramente una obra de ficción, sino un recorte concreto de un tiempo pasado.

Si la nostalgia que vuelca García en la historia es sobresaliente (y no solo por la propia nostalgia, sino por la manera en la que juega con ella), no menos se puede decir del dibujo de Urrea. Sí, podemos pensar que hoy en día la labor de documentación es relativamente sencilla, que se puede obtener con facilidad un catálogo de fotografías en las que se pueda rescatar el look de cualquier época, pero lo que hace Urrea va más allá de un simple calco. En sus lápices, los escenarios de aquel Madrid perdido cobran vida de una manera bestial, con un amor por el detalle que parece casi imposible. Cómo no sentirse dentro de un concierto que tuviera lugar en el Vicente Calderón o en el pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, cómo no reconocer las viejas estaciones de Metro o el mobiliario urbano de la ciudad. Y al margen de eso, es todo un acierto el diseño de los personajes, que encajan en la estética que abanderan, sí, pero que son cercanos y carismáticos por encima de todo. Hay en Días de inmortalidad muchos aciertos, pero el esencial es que nos hacen partícipes de las vidas de sus protagonistas, de aquellos años 80 que viven, con todas sus implicaciones. Es un tebeo mágico en cuanto a que captura el espíritu y el corazón de unos años añorados, pero es también un tebeo crudo, porque sabe hacer lo anterior sin miedo a contar las luces y las sombras.

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Esta entrada fue publicada en 21 abril, 2025 por en Drakul, Eliseo García, Javier Urrea y etiquetada con , , .

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