Guion: Joe Sacco.
Dibujo: Joe Sacco.
Páginas: 328.
Precio: 35 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2025.
Aterra pensar que Joe Sacco publicó Palestina en la primera mitad de los años 90, porque habla de la nula capacidad de resolución que tienen las instancias internacionales para dar solución a uno de los problemas más graves que tiene el mundo desde hace ya demasiadas décadas. Uno puede imaginarse a Sacco leyendo sobre Oriente Próximo sin entender nada de lo que estaba pasando entonces (y pasa ahora) antes de tomar la decisión de crear una obra documentada desde la base, desde la calle, no en libros de texto, no en despachos lujosos, no con gente que hace del dinero su ideología de cabecera, sino con las personas que sufren en la vida real. Hizo lo que muchas veces los medios de comunicación no han sabido o no han querido hacer, explicarle a la gente con historias reales y cercanas la realidad de un conflicto devastador. Y eso que lo hizo mucho antes de que adquiriera tintes de genocidio radical, pero Palestina fue en su momento una obra capaz de abrirnos los ojos a cualquiera, independientemente de ideologías o posiciones políticas. Palestina es puro periodismo convertido en cómic, un esfuerzo apabullante de entender lo que no se puede comprender mejor de ninguna otra manera, siendo él mismo el hilo conductor y protagonista de unos viajes a una zona de conflicto narrados con un pulso impresionante.
Hay que tener en cuenta que Palestina quiere contar muchas cosas, que quiere informar, pero a la vez busca plantarse allí desde la posición de quien quiere saber, de quien apuesta por preguntar antes de conjeturar. Dicho de otra manera, el lector puede ponerse en el lugar de Sacco, y el autor sabe que eso es necesario para que Palestina llegue tan lejos como se propone. Y funciona, desde luego, porque transmite tanta información como sensaciones, nos invita a conocer de primera mano a personas, que no personajes, que viven en el día a día de esa Palestina tan real y dolorosa que nos muestra. Palestina es periodismo con mayúsculas, sí, pero es también un relato fascinante. La mezcla de ambas herramientas de comunicación es algo que Sacco domina de una forma que se ha visto en pocos autores, y brilla porque entiende el propósito de su trabajo mejor que el de muchos medios de comunicación que seguramente mirarían por encima del hombro a alguien que dibuja de lo que está viendo. Y esa es una de las grandezas más notables de Palestina, que se adentra en el terreno del nuevo periodismo con una firmeza increíble, con una estructura en episodios que facilita la compleja lectura que propone y que está contado con las entrañas, sin miedo a que la verdad se abra camino, pero también con el corazón de quien se mete en un conflicto imposible de resolver.
Sacco apuesta por un estilo visual que encaja con lo que está contando, que se nutre del caos de la realidad de Palestina con una disposición de los textos que muchas veces obliga a girar la página al lector para leer con una comodidad que no existe en lo que está contando. Su estilo tiene mucho de caricatura, y sin embargo es imposible conseguir una sensación más realista de lo que nos está contando. Sus viñetas se retuercen y giran, como lo haríamos nosotros con la cabeza para llegar a todos los rincones de lo que hay que ver. Y su composición de página va cambiando según lo necesita la historia que esté contando en cada momento, hasta llegar a la portentosa narración en la que va multiplicando viñetas y haciéndolas cada vez más pequeñas para que entendemos el opresivo escenario de una cárcel israelí. Palestino es un tebeo doloroso, pero es terriblemente informativo. Es una muestra salvaje de nuevo periodismo, pero también un cómic esencial. Era la primera vez que Sacco se metía en un proyecto de esta envergadura, y eso le convirtió en una voz imprescindible para hablar de un conflicto que cada día que pasa resulta más difícil de entender. Palestina es, en definitiva, una de esas joyas que es necesario leer de vez en cuando para que nos duela la realidad que relata y para que nos demos cuenta, una vez más, de que el cómic llega donde otros no lograr llegar.
El volumen incluye los nueve números de Palestine, publicados originalmente por Fantagraphics entre 1993 y 1995. El único contenido extra es una introducción de Edward Said.
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