Guion: Marta Altieri.
Dibujo: Marta Altieri.
Páginas: 192.
Precio: 21,90 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Marzo 2025.
Desde que Paco Roca publicara Arrugas, los centros geriátricos se han convertido en escenarios más que creíbles para historias de ficción, pero ¡pobre de aquel que piense que Hotel Abuel tiene algo que ver con aquella obra! No, Marta Altieri propone algo muy, muy distinto a todos los niveles. En primer lugar, porque aquí no hay melancolía, a pesar de que de vez en cuando surgen pensamientos profundos a los que podemos darle la credibilidad que queramos en cada momento, desde interpretarlo como mensaje de galleta de la suerte a ver una idea filosófica de vida impresionante. Esto es para reírse. Y nos reímos, por supuesto, porque la mezcla de personajes que hace Altieri es divertida en sí misma, un muestrario de la sociedad en la que vivimos, con mayores y jóvenes tratando de dar lo mejor que tienen para que entendamos sus vidas. En segundo lugar, y para esto no hace falta ni siquiera leer el libro, la apuesta visual es completamente diferente. Lo que nos da Hotel Abuel es un tebeo de enorme sencillez, en blanco y negro, con personajes esquemáticos y ausencia total de fondos. Esto se puede entender como la modernidad narrativa que han dado las nuevas herramientas del cómic, pero también como un rasgo de frescura y un vehículo para que el humor se pueda abrir camino en todas las situaciones descritas.
Con todo esto, parece claro que Hotel Abuel no es, precisamente, el cómic más convencional del mundo. Altieri no ha buscado ni el escenario más comercial, ni el formato más popular, ni tampoco las situaciones a priori más llamativas, pero el caso es que su invento tiene algo. ¿El qué?, preguntaréis con todo el derecho del mundo. Eso es lo difícil de cuantificar y por eso hablábamos de modernidad narrativa. Se ve en el lenguaje y en la puntuación, más propia de los mensajes en redes sociales que de un libro impreso y editado como Dios manda, pero se ve también en los personajes, en lo que aportan a una historia que, en realidad, no es una historia sino cientos de ellas. Y se ve en los temas, que, lógicamente, aspiran a ser profundos precisamente porque el lugar en el que ocurre todo hay una experiencia acumulada brutal. Es una residencia de ancianos, no lo olvidemos, pero esta, lejos de adentrarse en polémicas políticas como las que vemos en las noticias o en dramas humanos como los provocados por el coronavirus y la deficiente actuación de ciertas administraciones, destila buen rollo. Vitalidad, en definitiva. Aunque eso es algo que se suele llevar a los centros de mayores, recordándonos que allí no se puede ir a morir, sino a seguir viviendo, pocas veces se ha visto con el tono y con el humor que impone Altieri.
Hemos hablado ya de ese estilo sencillo, casi tenemos la tentación de utilizar la palabra simple para definirlo a simple vista, pero es importante que insistamos en que eso mismo forma parte de la broma. Con el lenguaje, con las situaciones y con los temas que trata, casi habría parecido absurdo emplear otro estilo más realista para dar forma a Hotel Abuel. Hay una simbiosis clara y útil entre fondo y forma en este cómic, uno que está pensado para que nos preguntemos continuamente qué demonios estamos leyendo. Las pinceladas de color que de cuando en cuando se asoman por las páginas del libro son recordatorios de que, en el fondo, no hay límite alguno en su propuesta y que todo vale para comunicar mensajes, el color, las formas, los blancos y, por supuesto, los sonidos. Y no es descabellado decir que uno llega al final de Hotel Abuel con la sensación de que ha leído una de esas locuras cuya aceptación está en manos de lo que cada lector individual sea capaz de procesar, sin sacar de sus páginas verdades artísticas inmutables. Pero ahí está la gracia, que Altieri no ha hecho una obra para todo el mundo, sino para cada uno de nosotros, que la recibirá como bien queramos entender de manera individual. Riéndonos, eso sí, que nos falten motivos para ellos, que leyendo el libro se sacan unos cuantos.
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