CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Estado eléctrico’, de Anthony y Joe Russo

Título original: The Electric State.

Director: Anthony y Joe Russo.

Reparto: Millie Bobby Brown, Chris Pratt, Ke Huy Quan, Stanley Tucci, Woody Norman, Giancarlo Esposito, Jason Alexander, Martin Klebba, Marin Hinkle, Michael Trucco, Woody Harrelson, Anthony Mackie, Brian Cox, Jenny Slate, Alan Tudyk, Hank Azaria, Colman Domingo, Rob Gronkowski, Billy Gardell, Susan Leslie, Jordan Black.

Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.

Música: Alan Silvestri.

Duración: 128 minutos.

Plataforma: Netflix.

Estreno: 14 de marzo de 2028 (Estados Unidos, España).

Cuando se dice que estamos ante una adaptación libre de una novela gráfica, hay sobrados motivos para echarse a temblar, y eso es lo que se ha dicho de Estado eléctrico, la nueva película de los hermanos Russo. El material de referencia es una novela gráfica de Simon Stalenhag del mismo título en la que predomina la melancolía y la película es todo lo contrario. El problema de Estado eléctrico, en todo caso, no es que sea mejor o peor adaptación, tiene la suerte o la desgracia de basarse en un cómic que, aunque publicado en España, no es demasiado conocido, sino que es una película completamente inofensiva y olvidable. Todo lo que uno piensa que puede suceder, sucede, es imposible que sea más previsible. Todo elemento que aparece en la película tiene una función que se ve a leguas de distancia. Todo giro pretendidamente dramático en el que se quiera pensar, va a suceder. Si existiera un manual sobre las cosas que se han de hacer un blockbuster cinematográfico, los hermanos Russo lo habrían seguido al pie de la letra. Eso hace años podría haber sido suficiente por lo menos para que su película saliera airosa, pero hoy es un síntoma de cierta decadencia de la narrativa cinematográfica. Estado eléctrico, dicho mal y pronto, es una de esas películas que justifica a quienes piensan que, en el cine, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Hay una apuesta de la película que sí es bastante atractiva, la de alejarse de la profusión salvaje de planos artificiales, animados digitalmente para que se alejen de una realidad que quiere copiar. Los robots de Estado eléctrico son creíbles, son visualmente cotidianos en sus movimientos, parecen estar rodados en cámara, aunque obviamente eso no sea cierto, porque tienen una textura que nos podemos creer en la mayoría de los casos. En realidad, eso solo se rompe con los movimientos artificiales de las caras de algunos de ellos o, claro está, cuando el tamaño gigantesco hace que nuestro cerebro piense de nuevo en creaciones digitales. Sorprende que, con ese planteamiento, lo único verdaderamente rompedor, la película sea fría, muy fría. Eso pasa por dos razones. La primera, lo previsible del guion, lo hemos dicho, no puede causar impacto, por decir algo, la muerte de un personaje si todos sabemos que va a morir. Lo segundo, el trabajo del reparto, sobre todo de una Millie Bobby Brown que no parece estar del todo cómoda, recordando en algunos planos la frialdad que tuvo Natalie Portman en algunos momentos de La amenaza fantasma (aquí, su crítica) en los que no sabía cómo convivir con los efectos digitales que entonces sí eran pioneros. Ahora, en cambio, estamos ya acostumbrados a este tipo de cine y si no funciona es por otras razones.

Ni siquiera la historia de la película convence porque todo es demasiado arquetípico, todo está ya muy visto. Otra vez una sociedad de robots que se rebela contra la humanidad, casi parece un remedo extraño de Yo, robot. Otra vez la búsqueda de un humano perdido que es la clave para todo. Otra vez la buddy movie entre un tipo raro, que interpreta Chris Pratt asomándose de nuevo a registros conocidos, y una muchacha que es la que aporta los valores y la teórica emoción. Otra vez un malo malísimo que no tiene más objetivo que controlar el mundo, por divertido que sea ver a Stanley Tucci hacer lo que le dé la gana. Y podríamos seguir citando docenas de “otra vez”, porque no hay nada que resulte fresco, más allá del planteamiento visual de fondo, y sin esa frescura parece difícil conectar con lo emocional que quiere tener el filme. Que quiere tener, incidimos, porque en realidad no consigue llevar al espectador a ese terreno. Tampoco es que visualmente sea un espectáculo incomparable y la supuesta época final casi parece muy de andar por casa, por lo que hay poco a lo que agarrarse. ¿Entretiene Estado eléctrico? Sí, la verdad es que sí, pero parece muy insuficiente conformarse con eso a estas alturas. A los Russo, a estudios y plataformas, al cine espectáculo en general, hay que pedirles mucho, mucho más que esto. Muy floja y con muy poca alma.

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Esta entrada fue publicada en 21 marzo, 2025 por en Cine, Netflix y etiquetada con .

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