Guion: Manu Larcenet.
Dibujo: Manu Larcenet.
Páginas: 816.
Precio: 75 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2024.
Han pasado ya quince años desde que Blast vio la luz, al menos su primer capítulo, y todo este tiempo basta para comprender que estamos ante un cómic brutalmente diferente a casi todo lo que hayamos podido leer. El hecho de ser inclasificable no es lo que habla de lo bueno o malo que pueda tener, pero sí es importante que tengamos claro que, cuando afrontemos las 800 páginas que dura este tortuoso viaje, estamos entrando en territorio desconocido. No tanto por la innovación que pueda tener la narrativa de Manu Larcenet, siempre fascinante, pero sí por la amalgama que va creando en esta suerte de thriller. Puede que nunca estemos totalmente preparados para asimilar lo que hay en una obra de este calado, pero hay que intentar sintetizarlo. Y en ese intento, podemos decir que Blast es un thriller, pero a la vez mucho más que eso, es un retrato demoledor de un protagonista al que parece imposible encontrarle referentes. Es, por tanto, un camino de autoconocimiento personal escrito y dibujado desde las entrañas, vanguardista en su aspecto, que apuesta por una consciente fealdad, casi repulsión, y por un impacto del color en un relato en blanco y negro asociado a situaciones muy concretas. Es una auténtica locura, sí, pero una que también es fascinante a todos los niveles, y eso es algo que se aprecia mucho más en un integral como este.
Si Larcenet pensaba en hacer algo diferente, a fe que lo hizo. Blast es algo único, es una de esas experiencias de las que podemos hablar, pero por las que siempre va a merecer la pena pasar. Es una historia violenta la suya, sí, con violencias además que se manifiestan en muchas y muy distintas capas, lo que habla de la enorme complejidad que tiene urdir algo como esto. La escena final, que casi parece un resumen de lo que hemos vivido visto desde fuera, es, probablemente, algo que Larcenet necesitaba casi tanto como el lector para devolver a la tierra lo que durante muchos momentos corre el peligro de escaparse. Si no lo hace es porque Larcenet es un escritor brillante, porque conoce de una manera brutal a su protagonista y consigue que lo más inverosímil nos parezca hasta cotidiano y lógico, que un personaje extremadamente extraño funcione en todas esas capas de las que hemos hablado. Y que el mundo en el que vive sea tan extraño como para que lo podamos aceptar sin miedo a que sea verosímil. Blast es una obra que habla de los efectos de la drogadicción, de la salud mental, de la necesidad de afectos y de mil cosas más. Cada episodio, cada estadio de Blast, suma algo nuevo en un salvaje crescendo que, otra deliciosa paradoja, se nos cuenta en realidad a modo de flashback continuo, en un interrogatorio policial.
Alabar la narrativa de Larcenet es alabar también la visceral forma en la que dibuja la obra. Lejos de cualquier realismo, apuesta por una puesta en escena apabullante, genial, que es lo que le permite sumar muchísimas páginas sin diálogo que no solo no hacen que sintamos que falta información, sino que aportan una barbaridad a la historia. La forma en la que dibuja esos impactos de color son otro apunte brillante. Y su manera de entender la violencia es desgarradora. No hay muchas formas más claras de explicar Blast que dejar en manos de cualquier lector que explique el impacto que le produce su dibujo de manera personal, una mesa de debate en torno a esa pregunta va a aportar tantas visiones que seguramente así nos daríamos cuenta de la riqueza de un tebeo que se considera de culto con toda la razón del mundo. Es de culto porque no es un tebeo convencional, porque su protagonista casi parece surgido de una mente que haría las delicias de un tipo como David Lynch, porque es absolutamente impredecible y porque no solo perdura, a pesar del paso del tiempo, sino que parece ir ganando con cada nueva lectura que queramos darle. Y sí, son 800 páginas. Pero menudo viaje el que nos plantea Larcenet, menuda inmersión psicológica la que nos propone, incluso podríamos decir que vaya misterio el que escribe. De culto, sí.
El volumen incluye los cuatro álbumes de Blast, Grasse carcasse, L’Apocalypse selon Saint Jacky, La tête première y Pourvu que les bouddhistes se trompent, publicados originalmente por Dargaud entre noviembre de 2009 y marzo de 2014.
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