Guion: E. George Cowan.
Dibujo: Ted Kearon, Mike Western.
Páginas: 143.
Precio: 24,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2025.
No somos conscientes de la ingente cantidad de material clásico de calidad que está llegando a nuestras librerías y puede que, por esa razón, no lo estemos agradeciendo de la manera adecuada, pero sí, ese es el mensaje con el que se puede empezar a hablar de Archie el robot y la máquina del tiempo, un título británico conocido pero quizá algo oculto por el paso del tiempo. La obra de B. George Cowan y Ted Kearon se publicó originalmente a finales de los años 60, y eso, por todo lo que hemos visto después de aquello, nos obliga a hacer un necesario ejercicio de contextualización que ayuda a poner en valor lo que nos cuentan. Los viajes por el tiempo forman parte de la literatura fantástica desde que H. G. Wells nos deleitó con uno de los más conocidos en su novela de 1895, los robots se colaron en nuestras vidas cuando Karel Capek publicó en 1920 R.U.R., y Archie el robot viene a ser una mezcla dinámica y muy entretenida de los dos conceptos, una que nos lleva al pasado y al futuro con la misma naturalidad y con el mismo sentido del espectáculo, clásico, por supuesto, porque su fecha de publicación es anterior a los muchos giros que ha dado el género en épocas más contemporáneas, pero por esa misma razón accesible y muy entretenido, que es un objetivo irrenunciable para cualquier cómic de género que se precie de serlo.
Hay en Archie el robot dos cuestiones que se antojan fundamentales antes incluso de que comience el baile por la corriente temporal. La primera, el indudable protagonismo del robot, lo que convierte la aventura en una continua demostración de sus habilidades, algo con lo que se disfruta con mucha facilidad. La segunda, la presencia de dos hombres junto al autómata, lo que aporta el componente humano necesario para que el lector empatice con lo que está sucediendo, más allá de la fascinación que siempre provoca lo que viene a continuación, el juego por los distintos escenarios temporales. Tópicos, sí, pero tópicos precisamente porque fueron parte de historias como la de Archie el robot, publicada a finales de los 60 como venimos diciendo. Así, en las historias escritas por Cowan vemos caballeros medievales, un futuro devastado o dinosaurios, y asistimos a los problemas de cada época con el mismo nivel de intensidad y emoción. No hay necesidad de valorar Archie el robot con rigor histórico, porque en ningún momento se plantea así. Sí hay alguna mención a la forma en la que se involucran los visitantes en la historia, pero no hay un debate real sobre las consecuencias que puede tener eso más allá de la aventura en sí misma. Es un puro cómic de escapismo, y eso es algo que siempre sienta bien.
Hemos hablado de su tono clásico, y el dibujo de Kearon va por supuesto en esa misma dirección. No hay más que ver el diseño de Archie, tremendamente básico en muchos aspectos y sin las complicaciones en juntas y circuitos a las que nos acostumbramos tras la primera película de Star Wars (aquí, su crítica). Lo que primaba aquí era la sencillez y, sobre todo, que pudiéramos ver a Archie como un personaje más, robótico, sí, pero con la capacidad de hacerse pasar por humano y hacernos dudar sobre sus motivaciones. Férreo, por supuesto, pero muy móvil y dinámico para poder tomar parte en acrobacias que el cine no podía permitirse en aquella época para personajes de este calado (no hay más que recordar, por ejemplo, al Robby de Planeta prohibido). El blanco y negro, ese que nos remite a la clásica revista británica, no le quita nada de imaginación a la aventura por el tiempo ni a las épocas registradas, como no le quitaba época, por ejemplo, a las aventuras del Capitán Trueno en las viñetas españolas. Todo funciona de lujo para que Archie el robot y la máquina del tiempo sea uno de esos tebeos que da gusto recuperar, que se lee de un tirón y que se disfruta como si fuéramos unos niños de la época en la que el personaje vio la luz. Pide mirada ingenua hoy en día, claro, pero hasta eso es divertido.
El volumen incluye historias publicadas en la revista Lion entre abril de 1968 y enero de 1969 y material del Lion & Valiant Special Extra! 1969 y Lion Summer Special 1970. El contenido extra lo forman una introducción de Juanan Cruz y las portadas originales.
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