Guion: Ricardo Vílbor.
Dibujo: Alberto Sanz, Mario Ceballos.
Páginas: 112.
Precio: 19,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2025.
A veces el cómic español nos enseña pequeñas cruzadas con las que es difícil no empatizar. Ricardo Vilbor lleva tiempo tratando de hacer de la literatura española más clásica un filón para las viñetas contemporáneas, y hemos disfrutado de esta manera de adaptaciones al cómic de obras como La venganza de Don Mendo (aquí, su reseña) o Don Juan Tenorio (aquí, su reseña). Pues bien, esa cruzada continúa y lo hace con un título esencial, La vida es sueño, de Calderón de la Barca. En esta ocasión, continuando con la tradición de ir cambiando de dibujante en cada obra, Vilbor se apoya en Alberto Sanz, con el extraordinario trabajo en el color de Mario Ceballos, pero la idea es la misma: respeto absoluto a la obra de referencia, incluso en el lenguaje, por antiguo que pueda parecerle al lector actual, pero a la vez con una clara vocación de llegar al público de ahora con dinamismo y buen hacer, entendiendo el cambio de lenguaje tan bien como lo había hecho Vilbor en obras anteriores y apostando por una personalidad visual muy acusada. El escritor no busca una serie, sino obras únicas y La vida es sueño, en ese sentido, parece tener la personalidad más acusada de cuantas obras en este sentido se ha lanzado a ofrecernos en viñetas. No hay más que ver el precioso final del segundo acto, el del monólogo más popular, para entender el efecto que provoca la historia.
Es posible que los grandes aciertos de Vilbor a la hora de adaptar La vida es sueño estén en lo que ya hemos mencionado. Principalmente, en saber entender lo que tiene entre manos, en respetar una obra como la de Calderón de la Barca, y en no buscar actualizaciones exageradas o cambios radicales. No, no es un simple remedo de la obra literaria que pone en manos de un dibujante para que este haga lo que quiera con ella, sería un tanto insultante que pensáramos que ese es su trabajo, y más cuando leemos La vida es sueño, el cómic, y vemos el muy bien medido ritmo que tiene, lo bien que sabe dar emoción a unos diálogos pensados para otro tipo de lectura. Hay bastante texto, sí, pero Vilbor también sabe cuánto tiene que dejar que la historia respire para trasladar emociones, la del batir de las espadas, pero también la de emociones mucho más íntimas, lo que nos obliga de nuevo a volver al ritmo más pausado del final del segundo acto. La adaptación, por tanto, parece irreprochable, inteligente en ese difícil equilibrio entre lo que aporta la obra y lo que puede incorporar el adaptador, y sobre todo consciente de que la lectura en viñetas exige una intensidad que la literatura clásica no tiene por qué tener. Y como tantas otras veces hemos dicho, un estudiante adolescente cualquiera agradecerá mucho la existencia de este magnífico complemento del texto original.
Sanz y Ceballos son los encargados de que La vida es sueño tenga un aspecto imponente ya desde la misma cubierta, toda una sorpresa para cualquiera que conozca la obra original, casi más propia de un blockbuster cinematográfico norteamericano que de una adaptación de un texto clásico de la literatura española. Desde un diseño atrevido de personajes y sobre todo desde un color de enorme poder, las viñetas de La vida es sueño atrapan con una facilidad tremenda. Partiendo de un sol rojo que casi parece dar credibilidad al oscuro augurio del que nace todo, el vaticinio de que el recién nacido Segismundo se convertirá en un tirano, todo lo que viene a continuación está marcado por esa labor de ambientación en la que trazo y paleta se complementan a la perfección, dándonos a entender el contexto histórico en el que acontece la historia, pero también muchos más detalles a tener en cuenta. No es descabellado decir que el dibujo pide a gritos una segunda lectura, incluso aunque la primera la hagamos con la calma que exige el castellano antiguo, porque hay muchas emociones contenidas en cada viñeta. Adaptar es mucho más difícil de lo que a veces se reconoce, y acercarse a la literatura española es algo que merece la pena destacar, por lo que La vida es sueño se merece cada elogio que le dediquemos, esperando que no sea el último clásico que vemos así.
El contenido extra lo forman un prólogo de la catedrática de Literatura Española Evangelina Rodríguez Cuadros, un epílogo de Ignacio Arellano-Torres, bocetos de Alberto Sanz y un dosier con el cómo se hizo la obra.
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