Título original: The Garfield Movie.
Director: Mark Dindal.
Reparto: Chris Pratt, Samuel L. Jackson, Hannah Waddingham, Ving Rhames, Nicholas Hoult, Cecily Strong, Harvey Guillén, Brett Goldstein, Bowen Yang, Snoop Dogg, Janelle James, Angus Cloud, Jeff Foxworthy, Eugenia Caruso, Dev Joshi, Cameron Bernard Jones, Alicia Grace Turrell, Eric Loren.
Guion: Paul A. Kaplan, Mark Torgove, David Reynolds.
Música: John Debney.
Duración: 101 minutos.
Distribuidora: Sony.
Estreno: 24 de mayo de 2024 (Estados Unidos, España), 1 de mayo de 2024 (España).
Hay ocasiones en las que es perfectamente lícito preguntarse por qué se compran o se usan los derechos de un personaje previamente creado para levantar una película que prescinde con claridad de la mayoría de los elementos que hacen popular a dicho personaje. Si no se va a ser fiel a sus principios, ¿de qué sirve tener su imagen? La pregunta es más que razonable después de ver Garfield. La película porque, más allá de su secuencia inicial y algunas puntuales, cuesta ver al gato quisquilloso, glotón y algo cabroncete creado por Jim Davis en 1976. La película, en sí misma, cumple con lo que busca, una muy dinámica aventura para críos con un trasfondo que quiere poner en valor la importancia de la familia. Hasta ahí, perfecto. ¿Pero dónde está Garfield, el Garfield de verdad? Cuesta mucho verle en este gato que quiere mostrar sus sentimientos más que su mala uva, que quiere reconciliarse con su padre más que hacer sus habituales trastadas y que tiene que asumir el rol de héroe ante la presencia de una antagonista más de su padre que propia, como si Garfield no tuviera la entidad suficiente para encontrar alguien a quien enfrentarse por sus propios motivos. Y, por supuesto, llevando la historia a terrenos de fantasía exagerada, lejos del calor del hogar de Jon en el que tanto la película como por supuesto las tiras de Garfield encuentran su mejor acomodo.
Es lo que tiene que ver con la adaptación donde se puede censurar con válidas razones, y eso está en la misma raíz de la película, que quiere presentar una historia movida y en varios escenarios con un personaje que detesta salir de su casa. Si acaso, solo las escenas en las que Jon encuentra y adopta a Garfield y su desesperación posterior para encontrarle funcionan en el espíritu más auténtico del personaje. El resto, invenciones para tratar de modernizar el personaje que acaban en abierta traición, solo con el fin de subirse al carro de una animación moderna que parece moverse con demasiada frecuencia en los parámetros de la adrenalina por la adrenalina. La inclusión de esa trama familiar parece buscar un remanso de paz entre tanto movimiento, y es cierto que no funciona mal, pero, insistimos, alejándonos de Garfield en todo momento. La de la película es una fórmula utilizada con mucha frecuencia en el cine de animación moderno, y es una que está más que afianzada. Es lícito, ¿pero con Garfield? ¿Qué necesidad hay de utilizar un personaje con una idiosincrasia tan clara y reconocible en una historia que nadie tiene que ver con ella? No se sostiene por esa vía la película escrita por Paul A. Kaplan, Mark Torgove y David Reynolds y dirigida por un Mark Dindal que llevaba la friolera de 19 años sin dirigir un filme, desde que estrenara Chicken Little.
De hecho, este Gafield tiene mucho más que ver con la mencionada Chicken Little que con las tiras de Jim Davis, y es lo que descoloca. Quienes tengan que verla en versión original, tienen que sufrir además otro de los males endémicos de la animación moderna, y es el empeño de las distribuidoras en colocar en personajes principales a personajes famosos, en este caso Santiago Segura o Alaska, antes que a actores de doblaje profesionales, que los sigue habiendo a patadas en España, como si esta estrategia fuera a reportar beneficios. No somos capaces de imaginar qué niño pide a sus padres ver Garfield porque aparezcan estos personajes, o a adultos llevando a sus hijos al cine para escuchar estas voces, de las que ya hay además una saturación en la televisión generalista. Sin embargo, sí resulta estimulante escuchar la versión original y disfrutar con lo que hacen Chris Pratt o Samuel L. Jackson, por citar dos de los actores de Hollwyood que prestan su voz, la moldean y la ajustan a sus personajes, en lugar de parecer ellos mismos, como sí sucede en la versión española. En realidad, esto no es más que un detalle, pero es uno que demuestra claramente que Garfield. La película no es un filme hecho para que los aficionados del personaje la disfruten. Es, simplemente, el aprovechamiento de una marca para contar algo que nada tiene que ver con su espíritu.
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