Guion: Santiago Valenzuela.
Dibujo: Santiago Valenzuela.
Páginas: 352.
Precio: 35 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2024.
¿Cómo se continúa una historia después de ganar con ella el Premio Nacional de Cómic? Podemos debatir si los premios son justos o injustos, si es razonable que el séptimo álbum de una serie y primero de un segundo ciclo puede o debe recibir esas atenciones, pero lo que de verdad impresiona leyendo este cuarto libro de esta nueva edición de Las aventuras del Capitán Torrezno es eso, cómo demonios se las arregla Santiago Valenzuela para seguir en lo más alto después de conseguir el mayor galardón que se otorga en nuestro país a un cómic. Ese debate es mucho más interesante, porque nos obliga a hablar de la genialidad de su autor, de lo mastodóntico que es el proceso de construcción de un mundo como este, uno que ya desde el principio (aquí, reseña de su primer volumen) tenía unas cualidades impresionantes y una ambición enorme, pero que llegados a este punto, directamente, no tiene límite alguno. Valenzuela construye un mundo en miniatura, sí, pero lo reviste de tantas cosas que asombra más la preparación del tebeo incluso que el tebeo en sí mismo, porque en todo momento abandona caminos fáciles para seguir con lo que realmente quiere hacer… aunque por momentos sea difícil asimilar eso mismo en el maremágnum de información que no cesa, de escenarios que van cambiando, de personajes que entran y salen.
Y es que Las aventuras del Capitán Torrezno se puede permitir el lujo de prescindir de su protagonista, por ejemplo. Lo hace durante muchas páginas de Plaza Elíptica, el álbum que ganó el Nacional de Cómic. O, por ejemplo, de dar saltos entre la realidad, si es que se puede considerar eso la realidad, y la ficción, saltando de un Madrid reconocible aunque alejado de las guías turísticas a unas ciudades de notables influencias históricas en las que todo parece posible. Y sí, lo que apuntábamos más arriba, saltar de debates filosóficos alucinantes, sobre Dios y la creación, sobre la relación de un autor con su obra, al regreso al más puro cómic bélico, en el que hay una lucha sin cuartel por el control político y social, mesclado todo ello con momentos del más puro surrealismo, como cuando Torrezno trata de explicarles a los habitantes de ese mundo diminuto qué es la Luna o que la Tierra es redonda, cuestiones que casi entroncan con el escepticismo ignorante que sigue vigente en nuestros días, aunque haga ya más de una década de la publicación original de la obra. ¿Y qué hace Valenzuela para seguir sorprendiendo después del Nacional? La estrella de la mañana, que así se titula el siguiente álbum, lo cambia todo, el ritmo, los temas, las sensaciones. Sigue siendo Torrenzo y a la vez es algo distinto, que recupera elementos de álbumes precios, pero a la vez sigue creando.
Las aventuras del Capitán Torrezno tiene entre sus muchas virtudes, sí, virtudes, la de apabullar. En su dibujo, también. Hay tanto nivel de detalle, incluso a pesar de la abundancia de un texto que a veces parece salirse de la página, que no parece posible agotar cualquier libro de Torrezno en una primera lectura. O hacerla al ritmo que suele permitir el cómic contemporáneo, tantas veces enfocado en lo visual por encima de cualquier otra cosa. Esa es la magia de Valenzuela, que es capaz de apabullar en los dos niveles al mismo tiempo, que podemos maravillarnos de las brillantes arquitecturas y esculturas que sirven para dar vida a su mundo mientras nos paseamos por el nuestro, que empatizamos de una manera directa con personajes que podríamos encontrarnos en el bar de la esquina mientras que las formas más fantásticas se abren camino en nuestra mente, y que podemos quedarnos boquiabiertos con la composición de página que nos ofrece, cambiante, viva, dinámica, casi sin leer el mencionado texto que nos ofrece, lo que invita a una lectura tan pausado y relajada que casi parece una contradicción con el ritmo que en realidad tiene la historia. Podríamos desgranar cada detalle, pero lo mejor que uno puede hacer con Las aventuras del Capitán Torrezno, lo que se ha venido haciendo desde el principio, es abrir la mente y esperar cualquier cosa.
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