Reparto: Uki Satake, Shin’ichirô Miki Shin’ichirô Miki, Robbie Daymond, Abby Trott, Toshio Furukawa, Yûko Sanpei, Shino Kakinuma, Kappei Yamaguchi, Christopher Corey Smith, Ami Fukushima, Cristina Valenzuela, Max Mittelman, Mona Marshall, Aaron LaPlante, Mariya Ise, Yôko Hikasa, Dorothy Elias-Fahn, Yûto Uemura, Anna Nagase Anna Nagase, Larissa Gallagher, Doug Stone.
Guion: Aki Itami.
Música: Colin Stetson.
Temporadas: 1.
Episodios: 4.
Duración: 25 minutos.
Estreno: 29 de septiembre de 2024 (España).
La fidelidad absoluta a la hora de adaptar a la pantalla un cómic o un manga no siempre es la mejor solución. De hecho, si hablamos en términos generales, no suele serlo, y hay innumerables ejemplos de ello. Pero es cierto que hay obras que piden a gritos esa traslación directa precisamente por el reto que supone llevarlas a otro lenguaje, y que al completarse dejan un nivel de satisfacción muy grande. Pasa con Uzumaki, la miniserie de cuatro episodios que recrea de esa manera el manga creado por Junji Ito, uno de los autores de terror japonés más populares del momento por la enorme cantidad de obras suyas que han llegado a nuestras librerías y por la angustiosa forma que tiene de interpretar el género. Ese mismo adjetivo, angustioso, se puede aplicar sin problema al anime del mismo título, es su gran valor, generan una atmósfera aterradora que compensa las dudas que se pueden abrir por la enorme colección de situaciones surrealistas que se van encadenando en esta oda a la espiral en que se convierte la historia de un pequeño pueblo japonés y de todos sus habitantes, en especial de dos, que son los que cogen el protagonismo de base para darnos un asidero de cordura dentro de esta gigantesca insana locura que nos propone Ito desde un asfixiante blanco y negro.
Uzumaki es una producción atípica por muchos motivos. No son muchos los mangas de terror que llegan a la pequeña pantalla, no es la adaptación típica, y menos cuando el ritmo es el que presenta esta obra o, en general, todo lo que ha escrito Ito. Su blanco y negro, parte de esa traslación directa y fiel de la que hablamos, es también poco frecuente para este tipo de adaptaciones. Y calcar el estilo de Ito es todo un reto del que la serie sale relativamente airoso, pero con flaquezas. Se calca no solo a través del diseño, que parece casi salida de la misma mano de Ito, con todo lo que eso conlleva, sino incluso en las sensaciones. Obviamente, el manga no tiene un movimiento real, pero si el lector es capaz de imaginarlo en su cabeza no puede ser muy distinto de lo que nos lanza la serie. Para hacerlo realidad, se han utilizado técnicas de rotoscopia, lo que hizo que la producción se parara a causa de la pandemia del coronavirus, añadiendo fuera de cámara un motivo más para que Uzumaki pueda parecernos aterrador, aunque la animación no termine de convencer en muchos momentos Sus ideas son turbias, violentas en extremo, asfixiantes en todo porque se asoman a lo cotidiano. Las espirales se convierten en obsesión, pero también en motivo de pánico, aunque en realidad esa sea la base de todo, porque los personajes no terminan de tener un desarrollo creíble.
Una de las claves de Ito y la serie lo respeta: lo cotidiano. Las espirales nacen en los lugares más comunes, en los ojos, en los ríos, en el viento, en el pelo… y generan desde su aparentemente inocente presencia los horrores más espectaculares, hasta llegar a la locura final. Ese es otro término que ayuda a entender lo que supone Ito y, en concreto, Uzumaki, el de la locura. El de Ito es un terror que linda con el surrealismo, y hay en estos cuatro episodios razones de sobra para asimilar esta idea. El gran triunfo es hacer que cinéticamente nos sigamos creyendo aquello que el manga había conseguido llevar a nuestras mentes. La serie, en ese sentido, es sobresaliente, sabe captar el terror de la obra original, sale más que airosa del reto de asumir esa fidelidad excesiva en su realización y consigue generar una atmósfera inquietante desde el principio, incluso cuando solo podemos intuir el horror que está a punto de desencadenarse, y que habla tanto de situaciones de profunda fantasía oscura como el del mismo comportamiento humano en esas circunstancias excepcionales. El terror japonés es como es, y seguramente hay que apreciarlo antes de adentrarse en Uzumaki, pero con ese bagaje previo es fácil entrar en el juego de esta adaptación. No alcanza todo su potencial, sobre todo con el paso de los episodios, pero deja buenos momentos.
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