CÓMIC PARA TODOS

‘Los pájaros que al surcar el alba’, de Luis Durán

Editorial: Dolmen.

Guion: Luis Durán.

Dibujo: Luis Durán.

Páginas: 256.

Precio: 26,90 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2024.

Tras la mastodóntica obra en cinco volúmenes que supuso Orlando y el juego (aquí, reseña del primero), había ganas por ver dónde nos iba a llevar Luis Durán en su siguiente obra. La respuesta, Los pájaros que al surcar el alba, deja muchas sorpresas precisamente por lo mucho que se aleja en ciertos sentidos de aquella. No, por supuesto, en el interés que siempre ha manifestado en sus personajes para construirlos con mimo, sino porque nos lleva a un Madrid olvidado, uno en el que los serenos pasean por sus calles de noche. No es la de Durán una obra que sirva de homenaje a la figura del sereno, aunque parece algo evidente y apreciable, un toque nostálgico que ayuda a asentar las bases del relato, sino que podríamos decir que apuesta por hablar de realidades cotidianas que nos pueden pillar de sorpresa. Habla de profesiones en desuso, la del sereno, sí, pero también sucede lo mismo con el relojero o con la comadrona, al menos entendida esta como podemos verla en las páginas de este cómic. Habla de realidades que podrían ser comunes, pero que a la vez llevan el relato hacia terrenos inexplorados y hasta incómodos, como sucede con el psiquiátrico de mujeres que vemos. Y, en el fondo, se asoma a la vida de una forma distinta y fresca, con cierta fantasía quizá, pero ni mucho menos pensando en el género como lo hacía Orlando y el juego.

Durán, en todo caso, deja nuevamente trazas de ser un autor inteligente que busca que el lector piense en lo que está viendo, en lo que supone, en la clase de personajes cuyas acciones está contemplando. Desde una óptica poco convencional, nos invita a pensar con los protagonistras o a raíz de lo que estos hacen. Y no es previsible, no hace que en Los pájaros que al surcar el alba podamos anticipar nada de lo que vamos a ver o que pensemos que es cotidiano… aunque sus personajes rezumen esa autenticidad tan propia de Durán. Es inevitable pensar de manera nostálgica junto al sereno o al relojero, emocionarse junto a la comadrona por la manera en la que consigue traer niños a este mundo o cuestionarse si es ético lo que hace la escritora que entra en el psiquiátrico y qué haríamos nosotros mismos en la posición de la enfermera jefe del centro. Hay mucho que rascar en las páginas de esta obra, y quizá por eso es bueno pensar que tiene que haber una relectura antes de entender de manera definitiva algunas de las cuestiones que lanza. Al final, qué final, nos damos cuenta de que lo que ha hecho Durán es capturar momentos en el tiempo para darles coherencia juntos, aunque podamos tener la sensación de que son varias las historias que corren en paralelo, y eso tiene mérito, porque es algo distinto a lo que solemos leer, frase que siempre podemos atribuir sin miedo a cualquier trabajo de su autor.

Eso pasa también con su estilo de dibujo, tan peculiar como interesante, con la forma en la que utiliza el blanco y negro para construir sus historias, algo que tiene mucho más sentido en este Madrid del pasado y para ver personajes que indudablemente pertenecen a otro tiempo y que están retratados desde una caricatura que humaniza más que tergiversa y que casi parece imposible que pueda emocionar como lo hace en momentos puntuales del relato precisamente porque parece llevarnos al terreno de lo imposible. El dibujo de Durán, no obstante, es todo menos imposible. Es decidido, es firme, es muy descriptivo, y desde un retrato que podríamos pensar que es frío consigue llevarnos a desentrañar emociones humanas muy intensas. Todo lo que hay en Los pájaros que al surcar el alba merece repasarse para entender esa misma intensidad de la que hablamos. Todo lo que hace Durán lleva ese sello. Y entrar en terrenos más mundanos, más accesibles, más realistas, no hace más que invitarnos a concluir que este es un trabajo espléndido. Distinto, desde luego. Nostálgico de una forma poco habitual. Emocional, con todos y cada uno de sus personajes. Y un crisol bastante imaginativo para aunar lo que les pasa a personajes que, a priori, no deberían tener mucha relación entre sí. No podemos decir que es una sorpresa, pero sí que es muy bueno.

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Esta entrada fue publicada en 23 enero, 2025 por en Dolmen, Luis Durán y etiquetada con , .

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