Guion: Vittorio Giardino.
Dibujo: Vittorio Giardino.
Páginas: 232.
Precio: 35 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2024.
Es difícil resistirse a una buena historia de espías y La doble vida de Max Fridman lo es. Este volumen recoge los dos primeros relatos de la creación de Vittorio Giardino, Rapsodia húngara y La puerta de Oriente, y sirve para entender perfectamente las premisas de la serie. Por un lado, sabe conjugar huida y caza con brillantez. Por otro, cuenta con un protagonista atípico, alejado inicialmente del mundo al que se ve obligado a regresar, con una vida que está ahí, que cuenta, pero que no se desarrolla explícita y conscientemente, y uno además que no es el clásico héroe de acción que sobre todo desde el cine moderno nos venden. Max Fridman no es Jason Bourne, no es Ethan Hunt, ni mucho menos James Bond, y sin embargo tiene un carisma clásico, es más fácil pensar en él como un héroe a los James Stewart o Cary Grant, por supuesto en personajes salidos de una novela de John Le Carré como el propio Giardiano deja caer en la entrevista que cierra este volumen integral. Y tambien porque tiene todos los elementos que se esperan del género negro, un misterio que resolver, una femme fatale, un escenario exótico, primero Budapest y luego Estambul. Son muchos ingredientes bien conjugados, en dos historias que además, en aras de la sorpresa, tienen extensiones distintas, sin amoldarse a patrones prefijados o escenarios de confort.
Giardino firmó con La doble vida de Max Fridman un espléndido cómic, de los que marcan en el género que toca. Rapsodia húngara sienta las bases con precisión, sin agotar ideas, personajes ni escenarios, y La puerta de Oriente nos demuestra que el protagonista puede dar mucho juego, más allá del relato inicial. Ambos están marcados, eso sí, por elementos coincidentes, los ya mencionados al principio. El uso que Giardiano hace de ellos es muy hábil, porque logra el objetivo fundamental de cualquier historia de espías: tenernos pegados a la página, esperando cuál será el siguiente acontecimiento, tratando de anticiparnos a la historia, de descubrir dónde está el misterio y el papel que cada uno de los personajes va a jugar. En los años 80 no había demasiadas historias de este corte, y eso le da un papel notable en la escena del cómic europeo de aquella época, cuando las cosas parecían más sencillas en todos los sentidos. Su forma de mirar al pasado y de entenderlo es notable, los diálogos con los afila la personalidad de los protagonistas también. Y aunque a priori parezca estar lejos de los grandes espectáculos de acción de nuestro tiempo, tiene también sus dosis en este sentido, para que el ritmo de la lectura sea siempre alto. Es difícil encontrar algún fallo en un tebeo que resulta muy sólido y que se lee con mucho agrado.
Más que el guion, aunque también por algunas de las características destacadas, lo que nos invita a pensar en otro tiempo es el dibujo de Giardiano. Clásico, pero con ciertos toques que nos invitan a recordar esa década concreta; con un buen sentido de la acción, pero con una puesta en escena que casi nos invita a pensar en su atemporalidad. Es agradable, de vez en cuando, comprobar lo bien que funcionaban los cómics de no hace tanto tiempo, sin necesidad de que lo digital o lo pretendidamente rompedor ocuparan la escena de una manera tan contundente. Y para ser dos álbumes que se basan de una manera clara en el busto parlante, el autor es capaz de encontrar siempre formas agradables y naturales de que entendamos la conversación entre los distintos personajes, incluso en escenas de sexo que, desde un punto de vista masculino, aprovechando también a las protagonistas femeninas para hablarnos del carácter de Fridman. Siempre es bueno volver a los clásicos, más o menos modernos, y La doble vida de Max Fridman merece esa consideración por lo bien que trata al género, por la astucia de su autor creando historias que nos enganchen y porque su protagonista bien puede considerarse como un espécimen extraño en el noir o en las historias de espías, tantas veces a remolque y sin tener del todo el control que le gustaría tener.
El contenido extra lo forman sendas introducciones de Vittorio Giardino, un portafolio de fotografías de referencia, ilustraciones y bocetos, y una entrevista con el autor.
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