Reparto: Colin Farrell, Cristin Milioti, Rhenzy Feliz, Clancy Brown, Carmen Ejogo, Ryder Allen, Michael Zegen, Berto Colón, James Madio, Joshua Bitton, David H. Holmes, Daniel J. Watts, Ben Cook, Jayme Lawson, Michael Kelly, Mark Strong, Scott Cohen, Shohreh Aghdashloo, Theo Rossi, Aleksa Palladino, Craig Walker, Tess Soltau, Marié Botha, Jared Abrahamson, Nadine Malouf, Con O’Neill, Louis Cancelmi, Nico Tirozzi, Owen Asztalos, Ade Otukoya.
Música: Mick Giacchino.
Plataforma: Max.
Episodios: 8.
Duración: 47-68 minutos.
Estreno: 19 de septiembre de 2024 – 10 de noviembre de 2024 (Estados Unidos / España).
Es indiscutible que El Pingüino es una serie de altos vueltos (perdón por el juego de palabras), pero también que deja debates abiertos. Los deja por su vínculo con The Batman (aquí, su crítica) y también por su final, de cuya coherencia o no es difícil hablar para no desvelar las sorpresas que tiene el capítulo final. Cada cual se puede quedar con lo que quiera, claro está, pero esto habla de su trascendencia. Quien quiera seguir explorando el universo abierto por la película de Matt Reeves, resulta obvio que necesita ver esta serie y entrar en el juego de pensar si se sostiene que en la ciudad de Batman se puede armar una guerra de bandas como la que plantea El Pingüino, personaje al que además ya conoce porque esto es una secuela del filme, sin que el Caballero Oscuro participe, aunque sea desde la lejanía o enfocado en otras cuestiones. Es, desde luego, difícil de entender que no haya algo, más allá de decisiones de estudio o económicas, o los guiños diseminados por toda la serie y explicitados en su final, pero salvando ese detalle la serie es un gozoso relato de la mafia en el que los planes no son tan perfectos como suelen ser y los personajes tienen que ir reaccionado a lo que sucede. Porque lo esencial en El Pingüino está ahí, en los personajes, aunque la factura de la serie sea impecable, sobresaliente en algunos momentos, puro noir que bebe más de Martin Scorsese que de los cómics de Batman.
La serie ya arranca bien, y el devenir de los episodios confirma que la introducción de un joven protegido tiene mucho más sentido del que puede parecer en el primer episodio. Es la conexión perfecta entre el Pingüino que vimos en The Batman y el que llega a ser al final de la serie, y solo por eso ya merece la pena que esté, aunque sea también un elemento con el que se apuntalan algunos de los giros más endebles que pueda tener la serie y que, de nuevo visto de una manera positiva, abren debates. Es curioso que tanto eso como la magnética presencia de Cristin Milioti dando vida a una Sofia Falcome bastante distinta de la del cómic roben espacio al Pingüino de Collin Farrell, que en todo caso vuelve a hacer un trabajo notable debajo de sus capas de maquillaje, pero es también la evidencia de que el protagonista se mueve dentro de un universo amplio que funciona bien como un todo y como parte de otro todo más grande. Como cabía esperar, la resolución de la serie aporta todo el sentido para que Oswald Cobb, por muy poco sentido que tenga cambiarle el nombre al personaje, tiene que ser el centro de lo que durante muchos momentos parece la historia de Sofia Falcone, el gran hallazgo de la serie por muchos motivos que además van subiendo de intensidad hasta la resolución de El Pingüino.
Lo que hace de esta una serie especial, en todo caso, pasa por dos elementos que van mucho más allá de su pertenencia al mundo de Batman o al de una película concreta. Hablamos, en primer lugar, de su deseo de formar parte de ujna antología criminal que tiene mucho más que ver con las películas de Scorsese, como hemos dicho, con El Padrino, con Los Soprano o con El precio del poder. No estamos comparando su calidad, sino sus pretensiones. Y en segundo lugar, los diálogos. El Pingüino es una serie que tiene muchísima información cuando los personajes hablan entre ellos, y más aún cuando esas conversaciones son entre dos personajes. No es de extrañar que el clímax de la serie desemboque en dos de esas conversaciones, o que haya un sentido circular entre la relación entre Oswald y Sofia, que empieza en un coche y termina en un coche, aunque no sea del todo así en ninguno de esos dos puntos. El Pingüino cierra una primera temporada con vocación de que haya una segunda, más allá de que el personaje principal o alguno de sus secundarios pueda aparecer en otro producto de este universo, y con la sensación de haber acertado mucho más que la película de la que surge, incluso aunque esta haya cosechado una práctica unanimidad crítica y entre el fandom de la que es hasta bueno discrepar.
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