Guion: Craig Thopmson.
Dibujo: Craig Thompson.
Páginas: 448.
Precio: 30 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2024.
La referencia de Blankets, para todo aquel que la haya leído, es suficiente para lanzarse sin miedo a Raíces de Ginseng, porque con esta segunda Craig Thompson vuelve al universo de la primero, uno personal y autobiográfico, uno en el que mezcla recuerdos, presente y la misma necesidad de justificar la existencia de un cómic que aborde una parte de su vida. Ojo, no es una lectura tan sencilla como puede parecer, estamos hablando de más de 400 páginas hablando de la importancia que tiene el ginseng en ámbitos personales, locales y culturales, convirtiendo a estas raíces en el eje de incontables vidas, empezando por la del autor, al menos durante una parte importante de las mismas. ¿Es fácil conectar? No, a menos que el ginseng nos interese por alguna razón o que seamos capaces desde el primer momento de extrapolar esa raíz a cualquier otro elemento de nuestras propias vidas. El éxito de Thompson, en todo caso, es convertir eso tan personal, tan catártico para él como autor, tan necesario de contar en su fuero interno, en algo que nos interesa a todos desde un nivel más humano que documental, aunque por supuesto Raíces de Ginseng emplee tiempo y páginas en abordar ambas facetas. Al final, es uno de esos libros que se van ganando el cariño del lector, por poca trascendencia que pensaran darle al principio.
Conjuga Thompson tantos elementos en su narración que parece imposible aburrirse con Raíces de Ginseng. Él mismo asume que hay algo de descabellado en convertir esa parte de su vida en un cómic como este, y por eso va introduciendo sus dudas en muchas de las secuencias en las que interviene como personaje de su propio relato. El cómic sobre el autor se abre camino así de una manera muy elegante, y le permite entrar en todo lujo de detalles sobre el ginseng, incluyendo una cronología tan detallada que casi parece parte de otro tipo de libro, y sobre el contacto que tuvo con él antes de emprender una vida distinta y convertirse en narrador de historias gráficas. Es curioso cómo Raíces de ginseng sirve incluso como apéndice revisor de Blankets, por rellenar huecos de aquella, incluso omisiones deliberadas, y también lo es que las referencias no se sientan como carencias del lector que no haya leído aquella primera obra, pues esta segunda se sostiene por sí sola con notable firmeza. Hay mucho diálogo, hay mucho texto, hay mucha información genérica y precisa, pero en ningún caso podemos sentir lejanía o indiferencia hacia lo que se nos está contando. Quién habría dicho que el ginseng podría ser el eje de una obra de esta ambición y calado antes de que Thompson emprendiera semejante tarea.
Con esa premisa, es obvio que la cercanía es imprescindible. De ahí esa narración en primera persona, pero también, y seguramente más importante, esl estilo de Thompson como dibujante. En sus páginas, incluso en las que disfruta complicando su configuración, todo parece sencillo y asimilable, sin miedo a convertir a la propia raíz de ginseng en un personaje divertido y juguetón, casi de dibujos animados, que complemente otras secuencias mucho más volcadas en la recreación social y/o histórica mucho más verídica o en el costumbrismo que el propio autor protagoniza, tanto en su edad infantil como ya siendo el adulto que está escribiendo, gestando y contando su novela gráfica. Raíces de ginseng es una obra madura, vitalista y sincera, de las que abren muchas puertas personales que satisfacen en primer lugar al autor o a quienes han vivido de primera mano lo que cuenta, pero con esa virtud universalizadora para contagiar al resto, es un trabajo narrativo espléndido precisamente por todo lo que supone, confirmación de lo espléndido autor que es Thompson, y una necesidad para quienes hayan leído Blankets para ampliar un universo que se entiende tan bien que casi parece que lo tengamos a la vuelta de la esquina. Tan necesario leer esta después de Blankets como ir a aquella después de Raíces de ginseng.
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