Guion: Igor Kordey.
Dibujo: Igor Kordey.
Páginas: 224.
Precio: 30 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2024.
Para analizar el éxito artístico que tiene un cómic, no tendría que ser necesario hablar de su creación, pero en el caso de Texas Kid, mi hermano, sí vamos a hacer ese agradable ejercicio por una simple razón: es un tebeo que va de la relación que hay entre un creador y su personaje, aunque desde un punto de vista bastante poco convencional, el del hijo de ese autor, desplazado por un héroe de ficción en la vida real. El caso es que es una obra que unos veinte años en gestarse y completarse, lo que hace que haya diferencias claras en el estilo de Igor KJordey en las primeras y las últimas páginas de esta agobiante historia que nace de un relato corto de Darko Macan. Y que tarde tanto obedece a cuestiones que explica el ilustrador al final del libro. Eso es más propio de la esfera personal, pero el hecho de que esta historia haya conseguido abrirse camino es casi una metáfora de lo que el propio relato cuenta. Qué fácil es que un autor se deje llevar por el éxito de un personaje, qué clase de celos puede despertar en una familia que muchas veces no entenderá su devoción por algo que solo existe en un papel, y cuánta fuerza tiene que ficción y realidad peleen entre iguales como lo plantean aquí Macan primero y Kordey después. A veces puede desconcertar, sobre todo por el preámbulo, pero eso es también parte del magnetismo que desprende.
Es como si Kordey quisiera contar dos historias para que sea el lector quien establece la relación precisa, porque nos cuenta la historia personal del creador de Texas Kid, su infancia, su adolescencia, sus primeros años como adulto, su experiencia en la guerra, pero después no le importa tanto su realidad presente. Ese papel de narrador se lo deja a su hijo. Habla, por tanto, de legados, pero también de presiones. La historia es, en su conjunto, una disputa continua, la del muchacho tratando de hacer cómics bajo la sombra de su padre, pero sobre todo tratando de ser el hijo que su padre no ve por su apuesta personal por la creación de ficción. ¿Y qué pasa cuando ese personaje de cómic se convierte en algo real y tangible, alguien que aparece en su vida para terminar de arrebatarle todo lo que el éxito de ese cómic no se ha llevado ya? Es muy interesante todo lo que plantea, aunque al final todo se reduzca al duelo al sol que culminan muchos westerns. Y es muy acertado también que la historia se cuente en primera persona desde el punto del más afectado por todo: el hijo que se ve privado de su papel, de sus privilegios, del amor que le corresponde por parte de su padre. Cuanto se complica la historia, más agobiante es lo que cuenta y más entendible son su ira y su frustración para con un héroe que tendría que ser perfecto.
Hay diferencias entre el Kordey de las primeras páginas y el de las últimas, sí, hay más detalle al final, más líneas y expresividad, pero es algo que se lleva bastante bien, entre otras cosas porque en la primera mitad también ofrece el ilustrador páginas del cómic que sirve de excusa para todo esto y, por supuesto, lo hace con un estilo levemente diferente. Es más, podemos hablar de que es una razón más para asomarse a Texas Kid, mi hermano porque habla de la evolución de Kordey como artista narrativo, y eso es algo que se disfruta mucho viéndose en distintas obras y que rara vez se nos presenta en una misma historia, como sucede aquí. En un blanco y negro que casi nos aporta un tono documental exquisito, y consiguiendo que el retrato del héroe sea casi una caricatura que solo percibe el protagonista, el damnificado por su existencia, a pesar de que está ahí como para que cualquiera de nosotros lo pueda ver, lo que genera una sensación de impotencia cada vez que Texas Kid ejecuta alguna hazaña o se sale del papel que le tendría que corresponder. Texas Kid, mi hermano no deja de ser un cómic sobre cómic, pero la óptica es muy fresca. No deja de ser un western clásico, pero desde otro punto de vista. Y es una buena historia, de esas que da gusto leer, aunque le podamos sacar punta a ciertos aspectos.
El único contenido extra es un epílogo de Igor Kordey.
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