Guion: Ricardo Vilbor.
Dibujo: Ángela Curro.
Páginas: 96.
Precio: 17 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Noviembre 2024.
Puede que si estamos hablando de adaptar clásicos de la literatura española al cómic, a muchos lectores la elección de una novela de Emilia Pardo Bazán no sea una elección demasiado obvia, pero el trabajo que hacen Ricardo Vilbor y Ángela Curro con La gota de sangre basta para disipar cualquier duda. Es cierto que no podemos considerar esta obra al mismo nivel que, por ejemplo, el Don Juan Tenorio que Vilbor ya adaptó (aquí, su reseña), en aquel caso con dibujo de Claudio Sánchez, pero es una muy buena idea por su base: una historia de detectives en el Madrid de hace un siglo. La premisa y su desarrollo sacan el cómic de cualquier encasillamiento que el recuerdo de la literatura estudiada en el instituto pueda provocarnos. Y sí, como cualquier adaptación al cómic de una novela que se estudia en nuestros años de juventud puede ser un apoyo perfecto para que los chavales se habitúen a la lectura en viñetas, pero esto es mucho más que un simple complemento de estudio. No es este el foro para descubrir ahora la figura de Pardo Bazán, aunque el mismo hecho de ser una mujer de tantas facetas y precursora del feminismo en España también hace que sea reivindicable en nuestros días, por lo que lo importante del volumen que tenemos entre las manos ha de ser, por fuerza, el buen trabajo que hacen los autores.
Vilbor parece empeñado en recordarnos que la literatura española no solo es impresionante para que la vivíamos en los libros, y eso hay que agradecérselo. Estamos inundados de adaptaciones de novelas de otras culturas, ya sean audiovisuales o en cómic, y parecemos olvidar cuántas historias han surgido de escritores patrios que siguen manteniendo una actualidad tremenda, un interés enorme, unas posibilidades en cómic superlativas. Bien vale en este sentido La gota de sangre como una reivindicación de lo nuestro, algo que el cómic español se ve también obligado a hacer casi en cada proyecto. Vilbor escribe con fuerza y garra, encuentra la manera de respetar la esencia de la obra original sin dejar de apelar a públicos contemporáneos, y el misterio que urdió Pardo Bazán es un muy buen material para una historia de misterio muy atractiva. Está muy bien construido el retrato del protagonista, como dice la sinopsis oficial un señorito madrileño que busca aventuras y que las encuentra en primera persona, salpicado por un asesinato. Él es el centro de todo lo que sucede en La gota de sangre, y eso no merma el misterio que hay que desentrañar, sino que de alguna manera crece por ese camino. Y aunque sea un personaje que, precisamente por esa condición de millonario aburrido de la que hablamos, pueda generar cierto rechazo, hay empatía.
De eso también se encarga Curro, que se desenvuelve en el Madrid de los años 20 del siglo pasado con una soltura espléndida, con un retrato de los personajes muy conseguido, haciendo que apenas nos demos cuenta mirando en su biografía que este es apenas su segundo cómic publicado tras Baixo o pantano. Con un notable trabajo de color a cargo de Alicia Soria, que tiene una agradable sensación de teatro clásico, visualmente la obra entra muy fácil por los ojos del lector. Sin necesidad de romper las viñetas, jugando efectivamente así a que nos sintamos dentro de una obra literaria con mucha trayectoria a sus espaldas, sabe dar mucho carisma a los personajes sin hacerlos del todo obvios, plantea muy bien las escenas que tienen que colaborar en el misterio y da mucha vida a los diálogos para que no sea una simple secuencia de cabezas parlantes, incluso aunque en algunas páginas haya una cantidad de texto elevada que deja poco espacio a la narración gráfica. La gota de sangre entretiene muchísimo, su misterio implica, la adaptación funciona a las mil maravillas y es uno de esos tebeos que nos recuerda que la magia del cómic puede llevar hasta públicos actuales historias de todo tipo. Elegir a Pardo Bazán para este propósito es una reivindicación múltiple, pero la obra se sostiene con enorme personalidad incluso sin esos reclamos.
El contenido extra lo forman un prólogo de Ana Ballabriga, un artículo de Pedro Ojeda Escudero y un epílogo de Cristina Patiño Eirín.
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