Guion: Robert, Aline y Sophie Crumb.
Dibujo: Robert, Aline y Sophie Crumb.
Páginas: 44.
Precio: 11,50 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2024.
La brutal sinceridad con la que los Crumb hablan en sus cómics es algo que vamos a echar de menos, porque en la forma en la que lo tenemos en ¡Sálvese quien pueda! no lo vamos a volver a ver. Por desgracia, porque la muerte de Aline Crumb tras la publicación original de este cómic deja cojo a un equipo creativo increíble, de la élite del cómic independiente americano. La brutal sinceridad con la que hablan de todo casi actúa en este punto como una ominosa predicción cuando la propia Aline habla en la portada del cáncer, y es el preludio perfecto a todo lo que encontramos dentro: el coronavirus, los abortos, la familia, Donald Trump… No hay un tema demasiado grave como para no forme parte de una broma que, en realidad, no lo es tanto. Sí, los Crumb, Robert, Aline y Sophie (que no por casualidad se acreditan en el orden contrario en la cubierta del libro), parecen servirnos, como siempre, una comedia tosca, muy bruta en su lenguaje y en sus formas, pero en realidad sus mensajes están llenos de una sofisticación muy personal, llena de unos diálogos que sobrecargan la página de una manera que parece casi inverosímil que funcione. Y sin embargo lo hace, como lo ha hecho en cada ocasión esta forma de hacer cómics y que ahora vamos a echar ya de menos para siempre.
En ¡Sálvese quien pueda!, para quien no conozca todavía demasiado a los Crumb (y está tardando), nos encontramos una serie de historias cortas que van cambiando de manos que aportan el dibujo, pero manteniendo una esencia que es difícil de imitar: cuando hablan los personajes también lo están haciendo los autores, y eso es algo formidable, que llena de autenticidad el cómic. En todo caso, no se trata únicamente de recoger ideas deslavazadas, siempre hay un mensaje, algo que decir y transmitir, y por eso es importante recordar la trascendencia de los temas que se abordan. No es una charla cotidiana sin más para conocer a los personajes/autores, sino que hay siempre una potente carga social en cada idea que sirve de base a una historia. Y sin que parezca que nos estén aleccionando, nos están haciendo pensar. Es increíble, por ejemplo, la forma en la que nos plantean el debate sobre las restricciones en plena pandemia, dándoles elementos sobrados para pensar, a través de su experiencia cotidiana. Interesante término esto, el de cotidiano, porque los Crumb no tienen nada de cotidiano, y sin embargo nos invitan a creer que sí. Es una delicia perderse entre sus pensamientos y ver que, de alguna manera, se convierten en argumentos de autoridad para adentrarnos en cualquier polémica que se vea aquí.
En el dibujo tenemos las diferentes aproximaciones de Robert y Sophie, aunque tiene sentido que aparezcan juntas, hay una fluidez narrativa que se entiende como bastante lógica. No vamos a descubrir nada nuevo, sobre todo si hablamos de Robert Crumb, que parece que esté con nosotros desde hace toda una vida (y eso es más doloroso todavía cuando volvemos a lo que hablábamos al inicio de estas líneas), con esa deliciosa caricatura en la que, por ejemplo, la edad de los protagonistas se olvida para mostrarnos la enorme vitalidad que siempre han tenido. Hay una exquisita mordacidad en la forma en la que se asoman a la vida real, a lo cotidiano (de nuevo este término), a situaciones que podríamos haber vivido nosotros en nuestra realidad, ese ha sido siempre parte del encanto del dibujo de Crumb, y se mantiene hasta esta obra con mucho encanto. Sophie prolonga esas sensaciones, con matices diferenciadores y personales, claro está, pero dentro de una línea que nos haga sentirnos cómodos, en familia. Es lo que es ¡Sálvese quien pueda!, una obra más que sumar a una larga lista de tebeos magníficos en los que aparece el apellido Crumb, un precioso testamento en forma de viñetas para Aline y una razón más para creer que el cómic es un medio extraordinario para hablar de la vida.
El cómic se publicó originalmente en 2022, con motivo de la exposición en la galería David Zwirner de París.
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