Guion: Max.
Dibujo: Max.
Páginas: 224.
Precio: 12,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2024.
Es extraño que haya un autor al que podamos identificar con tanta facilidad a pesar de que en sus obras haya tantísimas diferencias. Pasa con Max, que a veces se manifiesta con una complejidad excepcional y en otras ocasiones apuesta por una sencillez notable, pero siempre con un estilo reconocible dentro de ese amplio espectro y, sin excepción, con notables inquietudes argumentales cada vez que nos pone ante sus páginas. El prolongado sueño del Sr. T. nos devuelve al Max de finales del siglo pasado, lo que ya nos invita a hacer un concienzudo esfuerzo de contextualización dentro de su obra. O no, porque una de las ventajas de Max es que siempre ha sabido sostener sus trabajos también como algo independiente y con personalidad propia. El punto de partida aquí es una delicia. Onírica, sí, eso está ya claro desde el título y desde la ilustración por la que se apuesta en la cubierta, pero con un escenario que se antoja sumamente realista, que este sea el sueño de un hombre que ha pasado 40 días en coma. De ahí lo del prolongado sueño, porque es un recuerdo vívido y fresco de algo que ha durado un tiempo más que considerable y que, de alguna manera, nos mete de lleno en el análisis de la naturaleza humana a partir de sus más básicos deseos, miedos y sensaciones. Y eso hace que sea un Max en estado puro.
Suele serlo siempre, esa es la ventaja de que un autor tenga la libertad de mostrar sus historias tal y como resuenan en su cabeza. Normalmente no hay límites para Max, en el sentido de que siempre ha sabido moldear la realidad a su antojo, pero el hecho de que esto sea un sueño hace que la conexión con el lector sea más inmediata. No hay que asimilar las normas de Max, ya sabemos que el mundo onírico funciona de maneras muy distintas a la realidad… aunque de hecho sea una manifestación más de lo que perciben nuestros sentidos y nuestra propia razón. Por esa vía va El prolongado sueño del Sr. T., porque de la amnesia que parece padecer nuestro protagonista se llega al autoconocimiento, y aunque parezca que en el sueño se trata de admirar figuras extrañas, sucesos inverosímiles y situaciones imposibles, la manera en la que todo va cobrando sentido es deliciosa. Max da todas las pistas para que entendamos la historia desde el principio, pero si no es así, si queremos dejar al narrador todo el esfuerzo, el final lo clarifica todo. Eso es un rasgo de madurez narrativa bastante interesante, porque permite distintos niveles de lectura con mucha naturalidad, algo que no todo el mundo sabe conseguir. Max sí, porque Max es un espléndido narrador, que encuentra lo cotidiano en lo excepcional y que configura mundos con una facilidad apabullante.
Decíamos que Max es siempre reconocible, y ese es también un ejercicio notable. Es verdad que sus líneas y sus figuras se han ido transformando con los años, pero mentiríamos si no viéramos en todo momento rasgos que nos remiten directamente a su autor. Aquí tenemos a un Max más recargado, con más figuras, con menos espacios en blanco, pero no por ello menos imaginativo o atrevido. La manera en la que desarrolla a sus personajes es notable, igual que su forma de asomarse al sexo o a figuras tremendamente atrevidas, que rompen estereotipos y que nos ayuden a adentrarnos en los miedos de los que hace gala el protagonista principal. No se trata solo de plasmar locuras, sino que también hay páginas ejecutadas con una brillantez narrativa apabullante, en cuanto se anima a destrozar esa concatenación de pequeñas viñetas con las que va narrando un viaje siempre interesante. El prolongado sueño del Sr. T. es una historia pensada para generar perplejidad casi durante toda su lectura, no deja de ser un sueño y por tanto las fronteras de lo creíble están más difuminadas que en un relato más realista, pero no es solo una manera de colocar locuras impensables en la página, no. Al final todo tiene una coherencia tan apabullante que considerarla una mera digresión onírica es casi una falta de respeto. Brillante.
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