Guion: Jules Mamone.
Dibujo: Jules Mamone.
Páginas: 128.
Precio: 19 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2024.
Aunque parezca que está mencionado de forma casi casual en las páginas de La madriguera, la pandemia es un aspecto capital de la obra por muchos motivos. Aquellos tiempos de confinamiento y miedo colectivo que vivimos, que siguen pareciendo un mal sueño y que casi podríamos considerar que han quedado atrás tan deprisa como llegaron, marcan lo que Jules Mamone ofrece en esta obra. Y aunque también es algo que lógicamente marca, porque un autor trabajo con lo que es y con lo que piensa para llevarlo a los mundos que le apetezca describir, puede ser conveniente no tener en cuenta que Jules es no binarie. Se ve en La madriguera, sí, pero no es eso lo más importante. Lo que trasciende es que habla de personas que estamos más rotas de lo que seguramente nos gustaría pensar, y todos aquellos pánicos despertados por el virus no hicieron más que evidenciar ese daño. Es algo evidente ya desde la primera página, en la que vemos a una suerte de demonio apoyado sobre la inmóvil protagonista, mirando, acechando, planeando cómo llevar a cabo un ataque mortal quizá, o simplemente atormentando la mente de quien no parece entender lo que está pasando. Ese es el nivel, así de perturbador es lo que planea Jules, porque además lo vuelca sobre una realidad que no parece tan ajena o lejana.
Es verdad que el planteamiento de la obra es extraño. Lo es a conciencia, a propósito, habla de una doble realidad, una en la que vivimos todos o otra, la que imagina la protagonista, que ella entiende que podría ser la real. Y es una sensación tan extraña la que provoca Jules que incluso desde la posición del lector se puede tener esa duda razonable. Pero al final, no lo olvidemos, este es el envoltorio que escoge le autore para tratar las relaciones humanas. Ese es el eje de La madriguera, entender cómo nos comportamos con nuestros seres queridos y más cercanos en situaciones de necesidad emocional y psicológica. Puede parecer que la historia es un pedazo de una vida, recortado sin que en realidad haya un principio y un final, sin una moraleja al final que nos sitúe en un escenario de confort, y no nos faltaría razón si así lo pensáramos, pero es también evidente que eso está en los propósitos de la obra. En manos del lector queda decidir si eso reconforta o no, si queda como un certero retrato de la sociedad de nuestro tiempo, aunque sea en una esfera pequeña y personal, o si se queda en una anécdota mental bien planteada y ejecutada. Lo que sí parece claro es que La madriguera obliga a pensar, y eso es algo preciado en los tiempos que corren, aunque sea para pensar que a la protagonista le falta un tornillo.
Parte de la psicodelia que podemos asimilar de la obra viene también de su aspecto. El estilo de Jules es interesante en muchos sentidos. Primero, porque no le da miedo trasladar a la viñeta su propia visión del cuerpo femenino, obviando una sexualización propagandística y creando, un cambio, una sexualidad muy personal cuando la historia lo necesita. Después, todavía más evidente, por el uso del color, que de alguna manera pretende sacarnos de la realidad y hacernos entender la parte más onírica del relato, pero que en absoluto nos distancia tanto de la realidad que al final está reflejando. Y finalmente, porque a pesar de que los personajes guardan muchos parecidos entre sí y no hay demasiadas distancias marcadas en los rostros de cada uno de ellos, algo que queda para los detalles, la expresividad es notable. Todo esto no quita para que, como ya hemos indicado, se pueda sentir La madriguera como un tebeo extraño, diferente, quizá un poco menos rompedor de lo que pudiéramos pensar al principio, pero muy, muy personal. Jules crea un retrato atractivo y completo, que funciona en una esfera privada, pero que a la vez sabe abrirse camino para que lectores de toda condición puedan encontrar elementos con los que identificarse, ya que la familia es algo que todos tenemos y la pandemia la vivimos todos, con más o menos embrollos en nuestras cabezas.