Guion: Fabien Vehlmann.
Dibujo: Roger Ibáñez.
Páginas: 112.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2024.
Lo primero que podemos decir de El dios salvaje es que es una obra impactante. Mucho. A muchos niveles, además, y ese es un claro triunfo que se anotan Fabien Vehlmann y, sobre todo, Roger Ibáñez. Luego explicaremos ese sobre todo, pero no hay más que abrir el libro por cualquier página para ver que el ilustrador de Jazz Maynard (aquí, reseña de su primer volumen) roza lo sublime en muchos momentos de una obra que desde el primer momento se presenta como algo muy ambicioso. Ese propósito está más conseguido en el dibujo que en la historia, porque Vehlmann apuesta por una estructura cambiante, con distintos narradores, tratando de entresacar algunas ideas que requieren el esfuerzo del lector, quizá a niveles que no son parejos con la facilidad con la que transmite el dibujo. La ambición, en todo caso, siempre es algo positivo, porque habla de autores valientes, que no tienen miedo a expresarse tal y como sienten y piensan. El dios salvaje va por ese camino, y en ese sentido es una obra irreprochable, aunque en algunos momentos también pueda ser algo críptica. La mejor prueba está en que las sinopsis hablan solo de parte de la historia, porque ligarla es algo que Vehlmann hace descansar en lo que el lector quiera proponer a la obra. Si bien el reposo posterior puede ser por ello algo complejo, la lectura es trepidante.
El dios salvaje apuesta por temas grandes. Es una obra de venganza, cruda, que se aleja de una forma clara de las medias tintas. Es intensa en su estructura, cuatro actos y otros tantos personajes que nos conducen por una historia que, de partida, es ya muy complicada de resumir, especialmente antes de llegar al desenlace que pretende cerrar el círculo. Eso, más que un rasgo definitorio de su calidad, es más bien un aviso para navegantes. Vienen curvas, olas de gran altura, situaciones de una enorme tensión descritas de una forma que muchas veces es desgarradora. Hilar todo lo que Vehlmann cuenta, con sus saltos en el espacio y en el tiempo, es lo complicado de El dios salvaje, es lo que coloca una obra grandilocuente en el filo de la navaja, aunque podemos decir que sale airoso del trance, fundamentalmente porque transmite en todo momento esa sensación de estar viendo algo mítico, más grande que la vida, casi fundacional, como si esta fuera La Historia, con mayúsculas. Ese es el gran mérito del escritor, que nos hace entrar en su juego incluso si no tenemos una comprensión absoluta de sus normas, que nos hace vibrar y sentir, que nos hace partícipes del violento mundo que nos está describiendo y del sufrimiento de los personajes, incluso de los animales, aunque su protagonismo esencial cambie tras el primer acto.
Entramos, ahora sí, en el trabajo de Roger. Narrador superlativo, aquí tiene una oportunidad de oro para demostrar todo lo que sabe hacer, dejando claro que domina tantas herramientas que la obra, en conjunto, es un tour de force absolutamente brillante. Podríamos destacar tantas cosas… Su puesta en escena, el movimiento, la forma en la que plasma una violencia atroz… Pero vamos a hablar de una en concreto para dejar clara la magnificencia de lo que hemos visto en estas páginas. Roger hace que sintamos las emociones como muy pocos ilustradores del momento. Lo hace hasta con los escenarios, pero sobre todo con la descomunal expresividad de la que dota a todos sus personajes, sean animales o humanos. Hablan con cada línea, dejan ver lo que sienten con cada arco de sus cuerpos, con cada rasgo de sus caras, y lo hacen de una manera brillante, contundente y, sobre todo, veraz. No hay mentira alguna en lo que dibuja Roger, por mucha fantasía que quiera tener su historia. Sentir tanto cada viñeta es algo muy difícil de conseguir en una lectura y es, con diferencia, lo mejor de El dios salvaje. No es una obra de fácil acceso, no, a pesar de todo lo dicho sobre su dibujo, pero quizá también por eso, por el tiempo que nos deja pensando en ella, es una de esas historias que siempre va a merecer la pena leer.
Dargaud publicó originalmente Le dieu-fauve en marzo de 2024.
En nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.