Guion: Kazuki Minamoto.
Dibujo: Kazuki Minamoto.
Páginas: 204.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Febrero 2024.
No hace falta darle demasiadas vueltas a Un jefe de cuento de hadas y un empleado ¿hetero? para saber que la de Kazuki Minamoto es una serie de enredo ligada a la orientación sexual. Y quizá lo más interesante es que, a diferencia de lo que suele ser habitual, un personaje con ideas claras y otro que no, aquí son los dos protagonistas los que añaden cuota de confusión a la trama. Por un lado, tenemos un jefe de gran sensibilidad, a quien recurren sus empleadas para que les dé consejos sentimentales y de moda, gay, pero no del todo, al menos no en público; y por otro tenemos a un empleado, serio, formal, teóricamente hetero… pero que quiere salir con el jefe para aclarar sus sentimientos. Este planteamiento nos sitúa básicamente en una historia de dos, y seguramente así habría sido de haberla planteado Minamoto como un volumen único, pero al ser este el primer tomo de la serie las tramas se van abriendo y van apareciendo otros personajes que amplían las tramas y multiplican los enredos. Así, es un manga abiertamente sexual, más en su lenguaje que en sus imágenes, aunque alguna hay, pero sobre todo una comedia romántica que se asoma a territorios poco habituales para mostrar lo que sí es más frecuente: el choque entre dos personajes que no buscan a priori lo mismo.
Lo esencial está ahí, en que los dos protagonistas evidencian no tener del todo claras sus opciones sexuales, románticas e incluso vitales. No hay un personaje que concentre la comicidad y otro más serio; no hay uno que represente el ideal y el otro lo que la sociedad alimenta. No, lo que Minamoto hace es mezclar muchas cosas. Pero muchas. Y por eso, las proposiciones tienen gracia, lo mismo que las citas, exactamente igual que las medias verdades o los planes a corto y medio plazo que pueden hacer los dos protagonistas. Todo está mediatizado por el hecho de que ni jefe ni empleado tienen claro hacia dónde les puede llevar la relación que, de una u otra forma, sí entablan, aunque cada uno de ellos piense en esa misma relación de forma distinta. El enredo es evidente, casi rocambolesco por momentos, pero a la vez está bien llevado para que los estadios normales de la relación emocional entre dos personas se manifiesten en este escenario tan singular. Con Un jefe de cuento de hadas y un empleado ¿hetero? la única certeza que podemos tener es que cualquier giro parece justificable con este planteamiento, lo que coloca a su autor en una posición relativamente cómoda para continuar con la historia desde una presentación bastante correcta y unas primeras ideas que añaden gracia al conjunto.
Es curioso que un manga que apuesta por un escenario más o menos complejo cuenten, en cambio, con un dibujo mucho más sencillo. Minamoto parte del diseño de los dos protagonistas, muy definido desde el principio y poco alterado. Sigue con una apuesta de primeros planos, de bustos parlantes, que rompe pocas veces, y la mayoría para simplificar todavía más el conjunto, a veces dejando que la viñeta la ocupe por completo un bocadillo. Es decir, que más allá de lo básico, no hay que esperar del dibujo de Minamoto una expresividad desbocada. Por eso sustituye las mariposas en el estómago de la metáfora de las relaciones nacientes por unos brotes en la cabeza, como ejemplo la portada del volumen, que contribuyen a generar una sensación de extrañeza bastante sugerente con respecto a la historia. Lo que brilla, en todo caso, es el enredo ya mencionado. El relato será entretenido para el lector en función de todo lo que quiera profundizar en las peculiaridades y en las dificultades de esta relación que se entabla entre el jefe y el empleado, siendo conscientes de que nada es lo que parece y que, más allá de las secuencias que se acerquen a lo explícito, que no son muchas, hay tantas motivaciones emocionales como sexuales. Curiosa historia, desde luego, y eso despierta ganas de seguir leyendo.
Ryu Comics comenzó a publicar originalmente Marchen k tononke kohaikun en 2017.