Título original: Suicide Squad Isekai.
Director: Eri Osada.
Reparto: Anna Nagase, Yūichirō Umehara, Reigo Yamaguchi, Takehito Koyasu, Jun Fukuyama, Subaru Kimura, Taku Yashiro, Kujira, Chika Anzai, Reina Ueda, Mamiko Noto, Jun Fukushima, Yōji Ueda, Hōchū Ōtsuka, Shizuka Itō, Tarō Kiuchi, Taito Ban, Hiroki Maeda, Masashi Yamane, Kokoa Amano, Nanako Mori.
Guion: Tappei Nagatsuki, Eiji Umehara.
Música: Kenichiro Suehiro.
Distribuidora: Max.
Episodios: 10.
Duración: 25 minutos.
Estreno: 17 de junio – 15 de agosto de 2024 (Estados Unidos y España, televisión).
Puede que para muchos seguidores occidentales del cómic de superhéroes proceda aclarar en primer lugar que un Isekai es un subgénero de fantasía que coloca a personajes de la Tierra en un mundo bien distinto. Escuadrón Suicida Isekai es justo eso, el Isekai del Escuadrón Suicida. Amanda Waller no manda al variopinto grupo formado por Harley Quinn, Deadshot, Pacificador, Clayface y el Rey Tiburón a un país oriental o a una misión interna de dudosa legalidad, sino a un lugar extraño de aspecto medieval, magia y dragones. No parece haber mucha más excusa en este anime, que sigue la tradición de reinterpretar a los personajes de las editoriales americanas a la narrativa nipona más representativa en todos los sentidos, desde los diseños hasta la propia acción. Dicho esto, y apreciando su voluntad de ser un contenido para adultos por sus diálogos plagados de expresiones malsonantes, da la sensación de que gustará más a quienes disfruten de un Isekai que a quienes lleguen hasta aquí por el Escuadrón Suicida, aunque haya momentos de lucimiento de casi todos los personajes introducidos para cumplir la lógica función de fan service que requiere de producto de esta naturaleza. Y teniendo tambien en cuenta que hay un final abierto que anticipa una segunda temporada que promete ser todavía más loca que la misma locura que ya hemos visto.
Ese es quizá el punto clave de este Isekai, la locura, el toque de humor, comedia y absurdo que da el protagonismo inicial a Harley Quinn, en buena medida también durante la serie, y por extensión presente y futura con su obvio vínculo con el Joker, con un rol muy activo durante la serie a pesar de no ser uno de los protagonistas. La serie, de hecho esconde bastante cartas en su argumento que va desplegando poco a poco, algunas con más sentido que otras, algunas con más recorrido que otras, lo que invita a tener una sensación de cierto caos, casi como si la presencia del Escuadrón en este mundo no fuera más que un mcguffin, y la certeza de que en cada episodio habrá alguna escena de acción espectacular hasta llegar a los dos capítulos finales, grandilocuente clímax de un conflicto que, en realidad, queda bastante más en el aire de lo que pudiera parecer. Entre esas escenas de acción, que es donde se vuelca el esfuerzo de la animación con más claridad, destacan algunas intermedias, como el fascinante combate entre Harley y Katana, que es uno de los personajes que se van incorporando para alegrar el tránsito por la serie a los aficionados de DC que no terminen de ver claro esto del Isekai, cuyo tono también se traslada a los propios protagonistas, siendo Clayface el más cambiado en ese sentido hacia una figura cómica que poco tiene que ver con su origen en el cómic.
Al final de lo que se trata es de ver al Escuadrón Suicida en otro registro distinto al habitual, al que ha popularizado también el cine (las mismas canciones de apertura y cierre, con poses provocadoras e incluso un baile de Amanda Waller pada amenizar la despedida), y por eso decíamos que manda más la forma que el fondo. Eso desemboca en un producto que se sabe llamativo, que lo explota sin complejo alguno, que se gusta en su forma escogida y que abre la puerta a que veamos en este mismo formato a otros personajes de la editorial, incluso a ver la precuela de este Isekai con la primera expedición que Waller manda a ese mundo y, por supuesto, la secuela que tan bien queda planteada en la escena final de esta primera temporada. No es la más clásica de las versiones del Escuadrón Suicida, pero tampoco pretende serlo. De hecho, su honestidad es su más claro argumento, no engaña a nadie, ofrece exactamente lo que parece, no se pierde en argumentos complejos que no necesita y se vuelca en el retrato de esos criminales inadaptados en un mundo que les resulta tan extraño como ellos mismos los son a ojos de los lugareños. Quizá haya alguna que otra vuelta que puede sobrar y que alarga un poco demasiado una historia muy sencilla, pero si se pasa bien con los personajes eso es algo que no importará demasiado.
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