Editorial: La Cúpula / Brúfalo.
Guion: Max.
Dibujo: Max.
Páginas: 90.
Precio: 23,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2024.
Para entender lo que significa La biblioteca de Turpin, hay que hacer un notable ejercicio de memoria y volver a esos años en los que El Pequeño País era el alimento de la imaginación comiquera de gran cantidad de niños españoles. Allí, entre historias clásicas y personajes de otras industrias, vimos el Mot de Alfondo Azpiri, el Goomer de Richardo y Nacho (aquí, su reseña) o el Leo Verdura de Rafa Ramos (aquí, su reseña). Y también lo que tenemos ahora entre manos, La biblioteca de Turpín, de Max, aderezado con el imaginativo El abecedario de Turpín para delicia de los más pequeños. Parece extraño que un autor como este entrara en el mundo de El Pequeño País o que se fijara en lectores de corta edad, pero lo cierto es que esta aventura encaja muy bien en sus inquietudes habituales, solo que volcadas de una manera clara en lanzar una carta de amor a la literatura de siempre. Esta es una aventura deliciosa y muy entretenida que lleva a dos muchachos a viajar entre libros, con personajes claramente reconocibles, desde el Hombre Invisible a Sherlock Holmes, en busca del sombrero de un excéntrico vecino, el Turpín del título. Con esa premisa, sobra decir que la fantasía es maravillosa, se nota que Max adora los mundos por los que hace viajar a los chicos y, de esa manera, incita a los lectores a que se interesen por ellos.
Al mirar esta obra en perspectiva, hay que tener en cuenta que Max es un autor que ha evolucionado mucho, no necesariamente en el sentido de mejora, que también y aunque todas sus historias han tenido siempre un nivel muy alto, sino en su forma de narrar. La biblioteca de Turpín encaja en esa idea, porque Max se adecúa a lo que necesita la historia, al público objetivo, al medio desde el que está contando el relato. Eso explica por qué es tan eficaz siempre. En este caso, se trata de conjugar dos elementos claros. El primero, su sentido de la aventura, todo orientado a una audiencia juvenil que necesita un ritmo alto, que pasen muchas cosas, teniendo en cuenta además que la publicación era semanal y que no podía haber valles narrativos que pudieran alejarnos de la historia. El segundo, su amor por la literatura, con una selección de libros exquisita, ideal para que jóvenes lectores se atrevan a dar un salto en sus lecturas, para que aprecien distintos géneros y relatos de toda clase. Puede parecer una historia escasa en ese sentido, y no es difícil imaginar a Max sumergiéndonos en otros muchos títulos clásicos, pero lo cierto es que la estructura de La biblioteca de Turpín está muy bien hilvanada, tiene ese espíritu gamberro de la juventud y un personaje carismático que sirve como excusa más que como protagonista.
Ese carisma lo tenemos también, por supuesto, en el dibujo, Max es un autor tremendamente visual y siempre lo ha sido. Es más fácil verlo en obras más simbólicas y minimalistas, las más modernas, pero La biblioteca de Turpín es un viaje ilustrado con mucho gusto, con detalle, sin perder de vista el estilo que tan claramente le define. Los chavales también, pero sobre todo Turpín es puro Max, desde la psicodelia de sus gafas de colores hasta el mismo sombrero que sirve de mcguffin de esta historia y que solo vemos de manera fugaz. El color de toda la aventura es la mejor definición del marco en el que se publicó originalmente y, con toda probabilidad, la mejor arma para convencer a los lectores deseados, aunque eso no impide que el arranque nos lleve a calles oscuras y a un escenario más misterioso que, al final, lo que hace es que sintamos mucha más intriga por la trama y por la propia figura de Turpín. Max también interpreta con mucho acierto a los personajes de la literatura que se asoman a sus páginas para darles identidad y personalidad, prescindiendo de modelos reconocibles, pero dejando claro que son ellos. Todo hace ello que celebremos a lo grande el regreso de La biblioteca de Turpín, una idea que puede que diera para más pero que funcione muy bien así de contenida.
La biblioteca de Turpín se publicó originalmente en El Pequeño País en 1986.
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