Guion: Yûki Kikuchi.
Dibujo: Yûki Kikuchi.
Páginas: 136.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Mayo 2024.
Cuando uno encara un tebeo como Este cocodrilo morirá en 100 días no queda más remedio que hacerlo con una sensación de incertidumbre que resulta muy agradable. Porque tiene aspecto de cómic infantil, pero no lo es. Habla de la muerte, claro, algo se tiene que inventar Yuki Kikuchi para que su estilo case con su historia. La cosa es que, página a página, vemos que, hablando de la muerte, de lo que realmente trata es de la vida. Sabemos el desenlace, lo pone el título, y quizá por eso podamos generar unas expectativas demasiado altas sobre ese momento antes de que llegue, pero lo que realmente importa es el camino. Conociendo el final, lo que brilla es lo que vemos. Momentos que sabemos que no van a llegar, decisiones que van a tener su efecto definitivo sin saberlo cuando se toman, y eso acaba haciendo de Este cocodrilo morirá en 100 días un fascinante retrato del tiempo perdido. Y eso es algo que podemos extrapolar a las vidas de todos nosotros. ¿Cuántas veces dejamos para mañana, como dice el refranero popular, lo que podemos hacer hoy? ¿Y si ese mañana no llegara? Tener la omnisciencia de saber el futuro del cocodrilo protagonista hace que leamos este tebeo de una forma inesperada y que nos lo acabemos tomando mucho más en serio de lo que habríamos podido imaginar.
Lo realmente interesante de la obra de Kikuchi es que crea una sensación de falsa comodidad. El cocodrilo es una ¿persona? normal, con sus problemas cotidianos, con su trabajo de escasa seguridad, con sus dudas en el terreno amoroso, con sus amigos con los que pasarlo bien y con esas pequeñas cosas que nos pasan en el día a día y en las que el tiempo es algo fundamental. Reservar algo que te llegará en un año, dejar pasar un día tras otro sin pedirle salir a la cocodrilo que le gusta, planear el estreno de la secuela de la película que le ha encantado… El tiempo es esencial en todo ello, el tiempo y cómo se emplea, cómo se gestiona… y cómo se pierde sin remedio. El cocodrilo morirá en 100 días y no verá todo lo que planea o todo lo que ansía tener. Y esa reflexión que él no hace, no tiene la información para hacerlo, sí la hace el lector. Da igual que la apariencia del tebeo sea una sencilla colección de tiras, su sentido acaba siendo mucho más profundo de lo que podríamos haber imaginado al principio y, sí, podemos decir que nos pilla por sorpresa precisamente por la forma que ha escogido Kikuchi para narrar estos cien días, como una ominosa cuenta atrás que donde pesa es precisamente a este lado de la página, sin que ninguno de sus protagonistas sea consciente de lo que está sucediendo realmente en este universo.
La sencillez de estructura de la que hablamos tiene su claro reflejo en su dibujo, partiendo de una estructura de página machacona de cuatro viñetas colocadas verticalmente en el centro de la página, dejando un espacio gigantesco a los bordes de la página para que su blanco, de alguna manera, acreciente el agobio que genera el fondo de la historia. El diseño de los personajes, animales antropomórficos, es de lo más claro, lejos de perderse en detalles y en elementos que no sean útiles, pero preparando el terreno para que el final impacte. Porque el final, ese que rompe todos los esquemas de los que hablamos, es francamente bonito, lo que hace que la apuesta del tebeo lo acabe siendo, a pesar de que su mensaje habla del tiempo perdido. Todo muy sencillo, muy claro, a veces con poco espacio para los diálogos, pero tremendamente eficaz. Este cocodrilo morirá en 100 días es una tragicomedia de lo más original, porque sorprende incluso aunque tengamos asimilado el punto al que quiere llevarnos, porque tiene un mensaje que se ofrece en delicioso contraste con su forma, porque es imaginativo en su planteamiento y mantiene el nivel a lo largo de un número muy alto de secuencias, porque es uno de esos tebeos que llama la atención incluso aunque queramos resistirnos a él.
Shogakukan publicó originalmente 100nichigo ni shino wani en 2020.
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