Guion: Luis.
Dibujo: Luis.
Páginas: 256.
Precio: 21,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2024.
Que hayamos visto ya tantas historias complica que se pueda encontrar un resquicio de absoluto novedad para desarrollar una nueva. Ese es el principal enemigo de Ruido Blanco, donde Luis nos pone en una situación que seguramente nos recordará a otras muchas ideas previas, con un grupo gubernamental secreto que recluta a las mentes más inteligentes, un grupo que va a ayudar en la consecuención de sus objetivos, sean cuales sean. De este obstáculo puede salir algo más o menos previsible o algo más difícil de definir. La obra de Luis entra en este segundo terreno porque se perciben muchas cosas, igual que otras quedan entre sus páginas sin que realmente se lleguen a desentrañar. No es fácil discernir si la idea de Luis era dejar al lector pensando en esos detalles o si es algo que se escapa a la concreción de una obra cuya carga para enganchar no se puede negar pero que no siempre tiene la claridad que cabe esperar que sintamos en una historia que pone tantos misterios sobre la mesa. Buenas ideas no le faltan a Luis, y por eso seguir el desarrollo de Ruido blanco parece lo más fácil de su lectura. Y en su dibujo se intuyen muchas posibilidades, en un blanco y negro contundente en el que quizá se podría haber enseñado buena parte de lo que al final queda oculto o difuminado.
En Ruido blanco hay más de escenario atractivo que de personajes que lo completen, y eso que la primera secuencia casi parece que nos va a llevar a un escenario distinto. No diríamos que necesariamente esa es la mejor escena del libro, entre otras cosas porque es una aparentemente alejada del cuerpo central de lo que Luis nos quiere contar, es una explicación previa más que una declaración de intenciones, pero sí evidencia que hay buenas ideas. Otra cosa es que se les saque todo el partido posible, y a veces da la sensación de que hay muchas que se quedan en un término medio, quizá para que las interprete el lector. El arquetipo que supone cada personaje protagonista, evidente, no se desarrolla de la misma manera y dentro de las buenas ideas están también los puntos de mayor impacto, a los que no siempre se llega con claridad. Hay dos corrientes temporales, de hecho, y a veces cuesta marcar la línea que las separa. Dicho de otra manera, la narrativa es muy buena dentro de la secuencia pero confunde, deliberadamente o no, en el gran cuadro. Lo curioso es que esta característica se incorpora a la idea para que pensemos que parece lógico que haya alguien por encima de quienes son pretendidamente los más inteligentes del mundo. En todo caso, funciona mejor durante la lectura que en un reposado posterior.
Pasa lo mismo con el dibujo. El blanco y negro de Luis es muy interesante. No es fácil entender, más allá de obviar elementos desagradables, algunas cosas que quedan fuera de plano y no siempre fácilmente comprensibles. Las líneas abiertas de Luis, en todo caso, resultan bastante fascinantes, aunque a veces destaquen más por lo que cada imagen transmite de manera concreta y puntual que como parte de una narración. El rostro le funciona francamente bien y por eso no es de extrañar que sea lo más sólido de Ruido blanco. Lo curioso que tiene su dibujo es que parece tener una notable consistencia a lo largo de toda la obra, un estilo definido y unos propósitos comunes, pero a poco que nos detengamos algo más en su trazo veremos que no el del todo así, que utiliza herramientas muy diferentes que le dan una versatilidad que, de alguna manera, queda conscientemente escondida. Esta es, seguramente, la vía que invita con más fuerza a una segunda lectura que nos permita captar detalles que hayamos podido pasar por alto en un primer vistazo, y seguramente la más agradecida precisamente por su riqueza. Por ahí se consiguen tapar algunas fugas que puede tener la historia de Luis a la hora de concatenar esas buenas ideas de las que hablábamos y que se ven con cierta facilidad, por intuición de la referencia pero también por cierta originalidad.