Guion: Manuel Romero, Jos, Miguel Fernández, Santi Selvi, Luis Roldán, Jagoba Lekuona, Álex Ogalla, Alicia Palmer, David Braña, Zerkkal, Damián, Claudio Cerdán, Kike Benlloch, Montse Mazorriaga, Adrián Monferrer, Miguel Almagro, Manu Gutiérrez, David Buceta, Xabier y Martín Etxeberria, Desiree Bressend, Roberto Corroto, Weronica Hanczyc, Miguel Carmona, Alfonso Bueno, Adolfo R. Taboada, Raúl Balen, Conrado Entiman Martín, Elchinodepelocrespo, Israel L. Escudero, Rafael Jiménez, SilviaLauve.
Dibujo: Manuel Romero, Alberto Cimadevilla, Miguel Fernández, Rubén Gil, David Guti, Jagoba Lekuona, Paco Zarco, Óscar Bermejo, Jesús C. Gan, César Verdúguez, Fran Fuego, Raquel Díez, Pedro Villarejo, Montse Mazorriaga, Adrián Monferrer, Miguel Almagro, Manu Gutiérrez, David Buceta, Ángel Bermuy, Pablo Rodríguez, Mer Hidalgo, Weronica Hanczyc, Miguel Carmona, Adrián M. García Montoya, Alberto Aguado, Alejandro Pérez Mesa, Conrado Entiman Martín, Gonzalo Conradi, Sheila García, Meik, SilviaLauve.
Páginas: 116.
Precio: 19 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2022.
Una de las razones por las que leer es una necesidad vital es porque es una de las actividades que tiene la capacidad de abrirnos los ojos, de mostrarnos realidades que nos son ajenas, que forman parte del momento en el que vivimos, aunque por geografía nos pillen lejos. Paz es uno de esos libros que nos recuerdan la importancia de leer y, por extensión, el papel social que puede jugar el cómic en un mundo que parece tan podrido como el nuestro. Paz es necesario porque vivimos en guerra. No porque haya que coger las armas aquí y ahora, sino porque miremos donde miremos hay una guerra en marcha. La invasión de Rusia a Ucrania parece la excusa dominante de este volumen coral, de esta que desde ya vamos a calificar como una magnífica antología, pero podría ser cualquier otra guerra. Podríamos estar hablando de la matanza de Israel en Gaza o de cualquiera de esos conflictos sordos a los que los medios de comunicación no hacen caso, como si unas vidas valieran más que otras. Paz lo forman una treintena de relatos cortos y una decena de ilustraciones, por lo que resulta imposible en estas pocas líneas detenerse a analizar el trabajo de todos sus creadores, pero a todos ellos se les puede dar un mensaje claro: gracias por su voz, gracias por sus palabras, gracias por sus lápices, porque entre todos consiguen darnos algo lleno de alma.
Podríamos irnos a lo fácil para analizar este libro, a los nombres más conocidos, a esa pequeña historia (todas en este libro lo son en extensión, como a la vez son grandes en espíritu) que cuenta con argumento del tristemente desparecido Carlos Pacheco o, yendo al portafolio final, a la brutal ilustraciones de Juanjo Ryp, pero el mensaje que traslada Paz es demasiado trascendente como para que nos detengamos en nombres por su trascendencia profesional. No vamos a desmerecer así el trabajo colectivo que hay en este libro, y la recomendación no puede ser otra que leerlo con calma y atención, sabiendo que hay un denominar común, la existencia de la guerra y el grito por la paz, pero desde perspectivas muy distintas. La metáfora de Manuel Romero, la trascendencia del entretenimiento de evasión que trasladan Alicia Palmer y Óscar Bermejo, la fantasía de David Braña y Carlos C. Gan, el demoledor mensaje a los problemas del primer mundo que hay en las páginas de Claudio Cerdán y Raquel Díez, la forma en la que el arte clama contra las injusticias bélicas que plasma Montse Mazorriaga, el sinsentido arrogante que da origen a tantos conflictos como lo pasman Xabier y Martín Etxeberria y Ángel Bermuy, el heroísmo silencioso que nos muestran Rasfael Jiménez y Meik… Todas son visiones valiosas.
Todas, sin excepción, porque Paz tiene la virtud de enseñar lo lejano, pero a la vez trasladándolo a nuestro aquí y ahora. Hace que la guerra sea nuestro problema. Ya sea por haber adoptado a una hija en una zona que ahora es de guerra, ya sea por las consecuencias económicas, ya sea por hacer simulacros de lo que pueden estar viviendo en lugares en los que las bombas se han convertido en parte del paisaje cotidiano, esta antología tiene el atrevimiento de decirnos que no podemos permanecer impasibles ante las atrocidades que se suceden en nuestro mundo, aunque no formen parte de nuestro día a día. El mismo hecho de que parte del dinero que a un lector le cuesta a este cómic vaya destinado a Médicos sin Fronteras y World Central Kitchen es otro factor importante para entender la importancia que tiene. Es imposible que la ayuda llegue a todo el mundo, ni siquiera que lo haga de un modo más o menos equitativo, pero las voces del cómic, como las de la cultura y la sociedad, tiene que alzarse. Así que, sí, el mensaje que podemos trasladar es el del agradecimiento, gracias a todos los que habéis prestado vuestro talento para crear este libro, para denunciar injusticias que parecen irresolubles, para hacer que vuestra literatura, vuestro dibujo, vuestras palabras, nos recuerden que la Paz es algo que nunca puede esperar.
El contenido extra lo forman un prólogo de Nicolás Castellano, un epílogo de Lara Siscar y una galería de ilustraciones de Jorge Villena, Juan Alberto Hernández, Manu M. Vidal, Juanjo Ryp, Laura Tejedor, Javier Hernández Guerrero, Aguilar Sutil, Edgar Max y Jordi Zapata.
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